Presiono palancas a cambio de comida


Este señor que se parece a Gandalf de vacaciones es Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), posiblemente el psicólogo más importante del siglo XX. Skinner deseaba ser escritor, pero cuando se dio cuenta de su poco talento… bueno, decidió buscar algo que se le diera mejor.

A estas alturas seguro que todos habéis leído cientos de post sobre Skinner y su trabajo, así que no nos vamos a entretener mucho en el Condicionamiento Operante. Básicamente, Skinner defendía que los actos de cualquier organismo están determinados por la historia de reforzamiento del organismo.

Es decir, cuando tu perro levanta una pata le das un pedacito de comida esa acción que reforzada y es más probable que ocurra en el futuro.

Como podéis observar, no hay nada mental, ni pensamientos, ni decisiones, nada interno puede determinar la conducta según Skinner. Con el tiempo y un gran esfuerzo metodológico, sabemos que esto no es así,  sin embargo el Condicionamiento Operante da cuenta de un montón de conductas, no solo de los animales, sino de los seres humanos.

Cuando echas una moneda en una máquina y esperas que caiga la bebida como consecuencia de tus actos, al igual que cuando introduces la llave de tu coche y giras esperando que arranque, cuando envías una solicitud de ingreso en la universidad, etc; estos son ejemplos de acciones controladas por las consecuencias.

Skinner se inspiró en Darwin, llegando a plantear la conducta individual en términos de selección natural: Cuando una conducta produce un efecto positivo aumenta la probabilidad de repetirla en el futuro, cuando una conducta no produce efecto o produce un efecto negativo, su probabilidad disminuye hasta extinguirse.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), Skinner desarrolló un programa de misiles guiados por palomas. Las palomas eran entrenadas para picotear una tecla que se encendía a cambio de comida. Dentro del misil ponían un panel en el que el objetivo parpadeaba intermitentemente, lo que constituía una señal para la paloma, que reajustaba continuamente la dirección del mismo. Finalmente no se llevó a cabo por dos motivos, primero porque las palomas morían sin remedio al acertar su objetivo (y siempre acertaban) y segundo porque los mandos militares lo encontraron “poco serio”.

Otro cotilleo interesante es que se extendió el rumor de que Skinner utilizaba a sus hijas para experimentar, que una de ellas se volvió loca y acabó pegándose un tiro. Pero la verdad es que solo eran injurias de aquellos a los que no les gustaba su trabajo.

Las hijas de Skinner han respondido en varias ocasiones a quienes difunden estas mentiras, aquí podéis leer a Deborah Skinner Buzan (la que se suicidó xD) un tanto enfadada por todo esto.

A pesar de todo su trabajo y la cantidad de reconocimientos que recibió por su labor de investigación, Skinner nunca abandonó su sueño de ser escritor de ciencia ficción (escribió muchos libros durante su vida, pero acerca de sus investigaciones) y en 1948 escribió Walden II, una utopía basada en la ciencia que él mismo había desarrollado. Al parecer no tuvo mucho éxito.

El trabajo de Skinner sobre Condicionamiento Operante y el desarrollo posterior de mucho investigadores ha llevado al desarrollo de muchas técnicas de modificación de conducta muy eficaces para ayudar a las personas, si alguna vez habéis visto el programa Supernanny os daréis cuenta de que utiliza una gran cantidad de técnicas de condicionamiento operante, en las que los niños acaban por entender que deben controlar su propia conducta para obtener lo que desean.

Si deseáis conocer un poco mejor qué es el Condicionamiento Operante podéis ver este video:

, pero si solo os apetece reíros un rato pasad al siguiente, en el que Sheldon aplica el condicionamiento operante a sus amigos.

Aprendiendo


Después de casi un mes de ausencia os traigo una pequeña historia, pero primero os doy las gracias por vuestra paciencia y os aviso de que los post van a salir con  cuentagotas, lo lamento de veras,  no puedo hacer más. Pero basta de autocompasión y vamos a la ciencia que es lo que importa.

Este señor de la fotografía es John Broadus Watson (1878-1958), se le considera el padre del conductismo, una corriente de pensamiento en psicología que defendía que la única psicología válida era la que se basaba en la observación de la conducta. Realmente, cuando Watson expone por primera vez su concepción de la psicología, no causa mucho efecto por la simple razón de que, en su época, casi todos los psicólogos habían estado acercándose poco a poco a esta forma de entender la psicología, desencantados por la falta de resultados del mentalismo.

Para que nos entendamos, el “método científico” utilizado antes del conductismo en psicología era la introspección. Vamos, más o menos, meditación rollo oriental.

Sin duda, el conductismo presentaba graves deficiencias en el estudio psicológico, y finalmente fue sustituido, o más bien ampliado, por la psicología cognitiva. De todos modos, hay dos ideas importantísimas que le debemos al conductismo: 1) la psicología debe ser una disciplina científica, basada en el método científico, en la investigación, en la verificación de datos. 2) Y más importante aun, la conducta de las personas, los animales, y en general, todos los organismos, no está determinada ni por los “instintos” ni por los genes, sino por lo que aprenden y viven.

Aunque, posteriormente, esta postura se ha ido matizando, esencialmente es correcta. Todo lo que somos y hacemos es suceptible de cambiar. Y esto es genial porque implica que no somos seres preprogramados. No hay que vivir con miedo, ni siendo torpe, ni triste, ni cansado, etc, etc, etc. Considerar que la psicología de las personas es fruto del aprendizaje es una forma de traer esperanza. De hecho, Watson fue uno de los científicos de su época que luchó contra las prácticas eugenésicas que se habían puesto de moda en los países occidentales por aquella época, y que tuvo su mayor auge en los campos de exterminio nazis.

Todo esto es solo para dejaros este vídeo en el que podemos ver fragmentos de la investigación de Watson y Rayner (1920) en la que demostraron que los miedos se aprenden. Muestran a Albert, el sujeto experimental, y sus reacciones ante los distintos estímulos a los que había aprendido a tener miedo. Para una explicación más detallada os recomiendo este post de mi amigo Cendrero en El Busto de Palas.

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AMPLIACIÓN

Este otro vídeo es incluso mejor que el primero y, además, os ayudará a repasar vuestro inglés, xD:

El Sistema Nervioso (III): Células del Sistema Nervioso


Este señor es Santiago Ramón y Cajal (ya sabéis que no son tres), el primer gran neurocientífico español que recibió el Premio Nobel de Medicina en 1906 por descubrir los mecanismos que gobiernan el crecimiento y los procesos conectivos de las células nerviosas; premio que compartió con Camilo Golgi a pesar de que este último nunca aceptó que la neurona fuese un ente discreto.

A pesar de utilizar un microscopio óptico, Ramón y Cajal aseguró que cada neurona posee un campo receptivo (dendritas), un segmento conductor (axón), que es una entidad discreta y que se comunica con las demás neuronas a través de sinapsis. Incluso dedujo las leyes que gobiernan dicha sinapsis:

  1. La comunicación se establece del axón a las dendritas o el soma (cuerpo) neuronal. Lo que se conoce como Principio de Polarización Dinámica.
  2. No hay continuidad citoplasmática entre neuronas.
  3. La comunicación se establece de forma altamente organizada, de forma que cada neurona se comunica con células concretas en puntos de contacto sináptico. Es lo que se denomina Principio de Especificidad de las Conexiones.

Todo lo que vamos a tratar hoy no habría sido posible sin las investigaciones de este gran científico. Y es que, hace un par de días, curioseando por la blogosfera me topé con un blog de maguferío, finalmente la cosa se lió tanto que acabaron llamándome ignorante por afirmar que no existe ninguna estructura cerebral que posibilite la telepatía. Tras esto, mi primer pensamiento fue, tengo que escribir más sobre el Sistema Nervioso, por lo que hoy vamos a conocer las células que componen el Sistema Nervioso propiamente dicho, dejando de lado las meninges o los capilares entre otros. Empezamos.

Esto es una neurona, la célula básica encargada de recibir, procesar, y comunica la información procedente del medio interno y externo. El soma neuronal, o cuerpo de la neurona, es el centro metabólico de la misma y donde se encuentra el núcleo. Las neuronas llevan a cabo los mismos procesos que el resto de células, pero además, expresan gran parte de la información genética del núcleo para poder sintetizar las enzimas y proteínas específicas necesarias para la comunicación neuronal: los neurotransmisores.

La membrana de las neuronas pueden generar fenómenos eléctricos. Estos fenómenos eléctricos se producen por cambios de polaridad en el interior de la célula debido a la presencia de neurotransmisores que alteran la concentración iónica del interior neuronal.

Las neuronas poseen tantos ribosomas para sintetizar las proteínas que necesita que el retículo endoplasmático rugoso es visible al microscopio óptico,  en lo que se denomina Sustancia de Nissl.

En el citoesqueleto de la neurona se encuentran, además de los microtúbulos y los microfilamentos, en las neuronas encontramos neurofilamentos, unidos entre si o entrelazados con los microtúbulos. Sin embargo, esta uniones son fácilmente modificables, como ocurre en la enfermedad de Alzheimer.

Las dendritas son prolongaciones del soma neuronal y constituyen el principal área receptora. En el flujo de la información, son la zona de llegada. La mayoría de las neuronas tienen varios troncos dendríticos que se ramifican, también puede ocurrir que la sinapsis tenga lugar sobre pequeñas protuberancias de las dendritas denominadas espinas dendríticas. Tanto la disposición como la amplitud del árbol dendrítico así como el número de espinas dendríticas pueden ser modificados por factores ambientales, esta capacidad es lo que se conoce como plasticidad neuronal.

El axón es una prolongación del soma neuronal más delgado y largo que las dendritas, a través del cual se propaga la información a otras neuronas. En el axón podemos distinguir tres zonas, próximo al soma el cono axónico, el axón propiamente dicho desde donde pueden comenzar las ramificaciones, y el botón terminal o terminal presináptico que es la zona de conexión con las demás neuronas.

Los botones terminales contienen vesículas sinápticas que trasportan los neurotransmisores desde el soma para ser liberados mediante exocitosis en la hendidura sináptica, es decir el espacio entre botón terminal y la dendrita o espina dendrítica, cuando se den las condiciones necesarias.

El axón puede ser muy largo (imaginad desde vuestra cadera hasta vuestro pie izquierdo) y posee orgánulos para sintetizar las proteínas necesaria para manterse vivo y cumplir su función. Por esto, existe un flujo axónico anterógado que transporta orgánulos celulares y proteínas hasta los botones terminales y otro de regreso denominado flujo axónico retrógrado. Además, de cada tipo existen otros dos, un flujo axónico lento (14mm/día) y un flujo axónico rápido (400mm/día), el primero transporta materiales estructurales como partes del citoesqueleto, mientras que el segundo transporta orgánulos y proteínas.

De las neuronas solo nos quedaría resaltar que existen distintos tipos para cumplir distintas funciones, aquí os dejo un dibujo muy explicativo:

Las células que vamos a ver ahora se denominan células gliales, y su función es asegurar el estado óptimo de las neuronas.

Los astrocitos son las células gliales más abundantes del SNC. Algunos de sus pies entran en contacto con los vasos sanguíneos mientras que otros envuelven las membranas somáticas y dendríticas de las neuronas. Pueden ser de dos tipos: astrocitos fibrosos, que se encuentran en la sustancia blanca; y los astrocitos protoplasmáticos, localizados en la sustancia gris.

Entre las funciones de estas células podemos destacar:

  1. La función de soporte estructural de las neuronas, lo que quiere decir que literalmente la sujetan.
  2. La función de separación y aislamiento de las neuronas, que fue propuesta por Ramón y Cajal, como mecanismo para reducir la interferencia entre neuronas próximas. Además aíslan la sinapsis impidiendo la dispersión de los neurotransmisores y poseen bombas de potasio (K+)para retirar el potasio del espacio extracelular evitando así una despolarización de las neuronas.
  3. Captan los neurotransmisores como GABA y glutamato y lo transforman en glutamina que envían a la neurona donde se convierte en precursora de más GABA y glutamato. Un sistema 100% reutilizable.
  4. Llevan a cabo la reparación y regeneración de las neuronas destruidas, fagocitando los desechos y ocupando los espacios vacíos. También liberan factores de crecimiento para que las neuronas se desarrollen en una dirección concreta.
  5. También separan el tejido nervioso de las meninges a través de la membrana glial limitante externa.
  6. Llevan a cabo la función de recubrimiento vascular, rodeando con sus pies los capilares y vasos sanguíneos, ayudando de esta forma a mantener la barrera hematoencefálica.
  7. Y finalmente, al estar en contacto con los vasos sanguíneos y las neuronas, les suministran nutrientes.

Los astrocitos han sido bastante ninguneados durante mucho tiempo, pero como veis son imprescindibles para el buen funcionamiento del SNC, de hecho, ahora incluso se considera que cumplen algún tipo de función en el almacenamiento de la información, es decir, en la memoria.

Los oligodendrocitos son las famosas “vainas de mielina” que recubren los axones de las neuronas del Sistema Nervioso Central. Esta “vaina” aísla los axones, favoreciendo así la transmisión de los impulsos nerviosos (que son impulsos eléctricos a fin de cuentas).

Para recubrir los axones de las neuronas, los oligodendrocitos “estiran” su soma y se enrollan al rededor de estos formando una densa capa que es, justamente, lo que se denomina mielina.

Esta vaina de mielina se encuentra interrumpida cada milímetro por una brecha de, aproximadamente, una micra llamadas Nódulos de Ranvier.

Un único oligodendrocito puede mielinizar diferentes segmentos de un mismo axón o formar segmentos de mielina de hasta 60 axones. Pero estas células también protegen a los axones no mielinizados, envolviéndolos y manteniéndolos fijos mediante surcos formados por su propio soma. En el SNC, es la presencia de astrocitos lo que activa el crecimiento de los oligodendrocitos.

El último tipo de células gliales del SNC son las microglías, el ejército defensivo del SNC. Cuando se produce una lesión o inflamación del tejido nervioso se activan, migran a la zona del daño y fagocitan los restos celulares además de participar junto a los astrocitos en la reparación de la lesión. También defienden el SNC de microorganismos, virus y tumoraciones.

Estan implicadas en la intercomunicación del Sistema Nervioso y el Sistema Inmunitario.

El último tipo de célula glial que vamos a ver son las células de Schawnn, que realizan todas estas tareas que hemos comentado pero en el Sistema Nervioso Periférico.

La envoltura de mielina de los axones del SNP se produce en fases muy tempranas del desarrollo, al unirse las células de Schawnn a los axones en crecimiento.

Cuando estas células maduran, cada una desarrolla un único segmento de mielina para cada axón.

La formación de esta envoltura se produce en varias fases, iniciándose cuando el axón que envuelto por el citoplasma de la célula de Schawnn. Posteriormente, el soma de la célula se va alargando, rodeando el axón en espiral.

En el SNP, es la presencia de los propios axones lo que activa los procesos de crecimiento de las células de Schawnn.

En los seres humanos, la mielinización empieza en el segundo trimestre de vida fetal y continua durante casi toda la vida, con un periodo más intenso desde el nacimiento hasta la pubertad. Este proceso esta asociado al desarrollo de la capacidad funcional de las neuronas.

Y queda poco más que decir, excepto que, si nadie lo remedia, este será mi último post de este año 2010 (por eso lo he hecho tan largo, para que tengáis tiempo para leerlo, xD). Por lo tanto, os deseo un feliz fin de año y un comienzo del siguiente aun mejor. Muchas gracias por estar siempre aquí.

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Fuentes:

Fundamentos Biológicos de la Conducta, A. Alonso, E. Ambrosio, M. de Blas Calleja, A. Caminero, C. Lecumberri, J. González, E. Sandoval (2005).

Proyecto Biosfera, Ministerio de Educación, Gobierno de España.

Wikipedia.

Imágenes:

Fundamentos Biológicos de la Conducta, A. Alonso, E. Ambrosio, M. de Blas Calleja, A. Caminero, C. Lecumberri, J. González, E. Sandoval (2005).

Proyecto Biosfera, Ministerio de Educación, Gobierno de España.

Wikipedia.

Porqué los ateos no creen en el infierno (III)


Orden, esto es lo que explica porqué llegamos a realizar inferencias causales de la realidad erróneas. Buscamos el orden, la organización, cómo se estructura el suceso que estamos presenciando.

Esta es la conclusión del psicólogo Bruce Hood, de la Universidad de Bristol. En este enlace podéis ver la entrevista que le hizo Eduard Punset, titulada “Programados para creer“.

Nuestro cerebro, como mecanismo de supervivencia, se ha especializado en buscar las relaciones existentes entre sucesos. Por ejemplo: “Está nublado, va a llover“. De esta manera hemos establecido que el suceso A (está nublado) es la causa de un suceso B posterior (llover). Este tipo de relaciones son útiles para vivir.

Sin embargo, también somos capaces de establecer relaciones más complejas, de consecuencias menos evidentes. Como dice Bruce Hood, nuestra vida está llena de sucesos que no podemos explicar claramente, pero aun así nuestro cerebro, emperrado en encontrar la manera en la que funciona el mundo, intenta encontrar una solución al problema, por disparatada que sea.

¿Cómo sabemos que nuestro cerebro busca relacionar los hechos que vivimos día a día? Fijaos bien en la imagen de la derecha, se conoce como Triángulo de Kanizsa. En esa imagen no hay ningún triángulo, pero todos podemos ver dos triángulos distintos, uno hacia arriba; otro invertido,sin bordes, pero más brillante. La realidad es que no hay ningún triángulo, y que el fondo de la imágen no es más brillante en el supuesto triángulo invertido, aunque así nos lo parece.

Al mirar esta imagen, se activa en vuestro cerebro (y en el mio) una serie de procesos que terminan diciéndole a la corteza visual (en el lóbulo occipital) que se comporte como si realmente hubiese un triángulo en medio de ese conjunto de figuras, porque es la mejor solución posible. Un triángulo blanco invertido explica porqué están organizadas así estas figuras. Si esto os hace pensar que el mundo no es como lo veis (I y II), estáis en lo cierto, y en estos dos post os explico porqué.

Un punto importante, como explica Bruce Hood, es que no sabemos trabajar bien con la aleatoriedad. No somos capaces de realizar, por ejemplo, series de números realmente aleatorios.

De esta manera, al no trabajar bien con la aleatoriedad y por lo tanto buscar siempre patrones, nos encontramos con pensamientos realmente curiosos. Por ejemplo, bolígrafos de la suerte, rituales extraños como atarse lo zapatos de cierta manera o en determinado orden, tocar una pared al salir de casa, o de un examen, o antes de coger el coche. Y podríamos seguir así.

Es importante constatar que no sólo nuestro cerebro funciona así. Como pudimos comprobar en el anterior post de esta serie, las palomas utilizadas por Skinner en su experimento intentaban encontrar cuál era el patrón de conducta que les permitía conseguir comida, cuando la realidad es que no había ningún comportamiento que les permitiera acceder a su alimento.

Otro dato importante que permite explicar el surgimiento de las creencias supersticiosas es que los seres humanos creemos lo que otro ser humano nos dice. Esto es lógico, porque si tuviésemos la necesidad de contrastar, punto por punto, todo lo alguien nos cuenta, simple y llanamente no tendríamos tiempo para vivir, ni para conversar. Existen limitaciones en este supuesto, por ejemplo, no creemos lo que nos diga cualquiera, o no creemos las cosas cuando nos las dicen de cierta manera. Así, siempre vamos a creer más a una persona con la que tenemos lazos emocionales que a un desconocido, o tendemos a creer a alguien que argumenta su explicación antes que alguien que dice “esto es así porque sí”. Esta es la base también de muchos problemas en nuestras relaciones sociales, basta que alguien diga “hay que ver lo que hizo fulanito” para que la conversación nos enganche, y si la persona que lo dice es más cercana a nosotros que la persona mencionada tendemos a creer en sus palabras.

En resumen, somos máquinas incansables de establecer relaciones entre hechos del día a día y creemos lo que las personas cercanas a nosotros nos cuentan. Pero aun queda otro mecanismo evolutivo importante que facilita la creencia en sucesos sobrenaturales: La imaginación.

Mirad esta imagen, el tigre escondido entre el follaje, acechando. ¿Qué pasaría si no tuviésemos imaginación? Pues que no sabríamos que detrás de esa hermosa cabeza de tigre hay un terrorífico cuerpo de tigre. Está claro que aquellos antepasados nuestros que carecían de imaginación murieron pronto; además, la imaginación es un procesos cognitivo imprescindible para la memoria. Cuando “traemos a la memoria” un dato, realmente lo estamos imaginando; es decir, reconstruyendo a partir de patrones sensoriales conocidos. De esta manera unimos una imagen, un olor y un sonido, y  recordamos, por ejemplo, a nuestra madre, pero no estamos reviviendo un hecho, si no recreándolo con la imaginación.

Pero la imaginación tiene una parte negativa, pues nos permite crear conceptos tales como “suerte”, “dios”, “unicornio”, etc. Ideas que no hacen referencia  a nada real, pero que somos capaces de recrear, como mecanismos que explican sucesos.

Un ejemplo que aúne estos datos es el que dan Punset y Hood al inicio de la entrevista: ¿Podemos sentir que alguien nos mira? Sabemos que físicamente es imposible. Pero si nos sentimos incómodos en una situación y descubrimos que alguien nos miraba inmediatamente salta nuestra necesidad de establecer relación, la creencia de que esto es posible porque otros nos han contado que también lo han vivido, y la capacidad de imaginar cómo es posible. Y creamos nuestra creencia irracional de que podemos sentir que alguien nos mira en base a experiencias propias.

A lo largo de esta serie hemos descubierto que tendemos a creer ciertas descripciones de nosotros mismos, que establecemos relaciones entre sucesos de forma constante y sin poder evitarlo, creemos en lo que otros nos dicen e imaginamos cómo puede ser posible lo que nos cuentan.  Sobre la base de estos procesos psicológicos no es difícil darse cuenta de como funcionan, por ejemplo, las religiones a nivel individual, el horóscopo, y todo tipo de creencias supersticiosas. En el último post de esta serie haremos honor a su nombre y os explicaré por qué los ateos no creen en el infierno.

Porqué los ateos no creen en el infierno (II)


Hoy vamos a hablar de uno de mis autores favoritos, Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), y de un experimento muy interesante: la conducta supersticiosa en palomas.

La primera pregunta que se debe responder es ¿Por qué un experimento con unas puñeteras palomas puede explicarnos algo de la conducta humana? Y es una pregunta legítima. Dejemos de lado el tema del desarrollo filogenético y vayamos directamente a la psicología. Desde el comienzo del siglo XX, hubo un proceso de abandono de las teorías filosóficas en psicología y un acercamiento a la ciencia y la biología, tanto que, en 1913, Watson declara que la psicología es una rama de la biología, y a esta nueva ciencia la llama “conductismo“. El paradigma central de este primer conductismo era el trabajo de Pavlov que recibía el nombre de “condicionamiento clásico“. Sin embargo, con el paso del tiempo se evidenció que no todo era lo que parecía en el condicionamiento clásico, lo más importante fue la demostración de Zener (1937) de que los estímulos condicionados no sustituían a los estímulos incondicionados, sino que servían más bien como informadores.

Entonces, en 1938, Skinner publicó uno de los libros más importantes para la psicología: “La conducta de los organismos: Un análisis experimental.” En este libro proponía algo simple, la conducta de todos los organismos está controlada por sus consecuencias. Además, realizaba un análisis de la conducta de tipo darwinista, pues proponía que todos los seres vivos emiten, espontáneamente, conductas, las que tienen resultados beneficiosos para el organismo permanecen, las que tienen resultados perniciosos se extinguen. Hoy sabemos que no todas las conductas están controladas por sus resultados, pues existen muchas conductas innatas, como el apego; sin embargo, muchas otras sí lo están, y se mantienen o extinguen según el refuerzo que reciban. Pensad un momento que mantenéis una conversación cara a cara con alguien a quien conocéis. Mientras habláis, quien no tiene el turno de palabra emite constantemente reforzadores que hacen que quien habla lo siga haciendo. Estos reforzadores son cosas como “ujum”; “sí”, “no”, asentimientos de cabeza, etc. Y esto se aprecia mucho más cuando alguien habla por teléfono, pues la otra persona necesita saber que está siendo escuchada. Sin estos reforzadores la conversación se extinguiría. Y hay muchas más conductas que se explican a través del “condicionamiento instrumental u operante“.

Por eso, el experimento del que os voy a hablar puede explicar el surgimiento de una conducta humana tan compleja como la superstición.

En un aparato como el que veis en la imagen, Skinner constató la conducta supersticiosa. En sus experimentos, palomas o ratas debían picar o accionar una palanca para recibir comida. En ocasiones, debían hacerlo muchas veces, en otras debían esperar cierto tiempo antes de que la comida (el refuerzo) estuviese de nuevo disponible. Sin embargo, a Skinner se le ocurrió una idea, qué pasaría si le diésemos comida a la paloma sin que ésta tuviese que hacer nada. Es decir, a intervalos cortos, caía una bola de comida en el comedero sin que la paloma hubiese picado en el interruptor. Más tarde observó qué hacían estas palomas cuando calculaban que llegaba su hora de comer, y el resultado fue increíble: una daba vueltas dentro de la Caja en sentido contrario a las agujas del reloj, otra echaba la cabeza hacia atrás por encima del hombro derecho, y las ocho palomas que utilizó hacían cosas igual de extrañas.

La explicación de Skinner fue que las palomas habían relacionado la conducta que emitían en el momento de recibir el reforzador con el reforzador, de tal forma que habían creado una relación causal falsa; es decir, creían que recibían comida por esas extrañas cosas que hacían.

Supongo que ya estáis recordando sucesos de vuestra vida que podrían explicarse de esta forma: tu boli de la suerte con el que siempre apruebas, tocar el marco de la puerta al salir, no pisar las líneas del suelo, no hablar de la muerte, no salir a la calle los martes 13, etc. Y es que, en ocasiones, establecemos relaciones entre sucesos que no están relacionados, creando así un vínculo falso, una creencia supersticiosa. Las creencias supersticiosas nos dan la sensación de control sobre cosas que, realmente, no controlamos. Desde hace ya un tiempo, han surgido una serie de productos comerciales que afirman tener efectos, cuanto menos, curiosos. Es el caso de la famosas pulseritas de energía, que te dan equilibrio. Lo curioso es que mucha gente afirma que es cierto, que desde que lleva tal artilugio duerme mejor, es más flexible, corre más rápido, está más tranquilo, o cualquier cosa por el estilo. Buscan controlar cosas que no controlan. Pero la realidad es que se ha formado un vínculo falso entre el hecho de, por ejemplo, dormir bien una noche, y el hecho de llevar alguna de estas pulseras. Hemos creado una conducta supersticiosa en nuestras vidas.

Esto puede crear un gran problema. En 1975, Martin Seligman propuso el concepto de “indefensión aprendida“. Seligman descubrió que, cuando una rata o un perro descubre que nada de lo que haga le librará de la descarga eléctrica, aprende a sentirse indefenso, se vuelve pasivo e incapaz de realizar cualquier cosa. En los seres humanos la indefensión aprendida puede dar lugar a la depresión.

Sin embargo, este gran experimento de Skinner no explica el porqué de que se establezcan dichas relaciones falsas entre sucesos, pero eso será tema para el tercer post de esta serie.

Porqué los ateos no creen en el infierno (I).


El escepticismo está en horas bajas. Hoy día, la gente quiere creer, busca en qué creer, y ante situaciones extrañas no aplica la razón. La verdad es que es algo que realmente me enfada y la gota que ha colmado el vaso ha sido la noticia de que la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga va a impartir un máster (ni más ni menos) en acupuntura. Y esto no hace más que unirse al cúmulo de vergüenzas que arrastra esta universidad, empezando por los másteres en psicoanálisis que se imparten en la Facultad de Psicología. Parece que ser escéptico es algo malo, a las personas que creen ciegamente en sucesos sobrenaturales se les llama “sensibles”. Ser racional es ser “cuadrado”, como si esta hermosa figura geométrica tuviese alguna tara. Y nuestro sistema universitario apoya ésta situación.

El buscador Google te devuelve 684 000 resultados si introduces la palabra “escéptico”.

El buscador Google te devuelve 14 700 000 resultados si introduces la palabra “horóscopo”. Sobran las explicaciones.

En esta pequeña serie de post voy a hablaros acerca de cómo explica la ciencia sucesos supuestamente paranormales y la creencia en ellos por parte de tantísimas personas.

Y vamos a empezar con el Efecto Barnum, también conocido como Efecto Forer o Falacia de la validación personal. Es la observación de que los individuos darán una aprobación de alta precisión a descripciones de su personalidad que, supuestamente, han sido realizadas específicamente para ellos, pero que en realidad son generales y suficientemente vagas como para ser aplicadas a un amplio espectro de gente.

¿Cómo puede ser esto posible? En 1948, el psicólogo Bertram R. Forer pasó entre sus estudiantes un test de personalidad y, posteriormente, los resultados del mismo. Sin embargo, repartió entre todos ellos la misma descripción de personalidad, un texto que construyó sobre la base de fragmentos de distintos horóscopos. Luego les pidió que puntuasen la descripción que habían recibido, “0” si no se ajustaba nada a ellos, “5” si se ajustaba perfectamente. El promedio fue de 4’26; es decir, el texto era una fiel descripción de la personalidad de la mayoría de ellos. No se basaba en el test, no era un sólo horóscopo y, por supuesto, no todos sus estudiantes eran iguales, sin embargo para la mayoría la descripción era válida, creían que se ajustaba a ellos. De esta manera concluyó que la gente tiende a aceptar descripciones de ellos mismos en proporción al deseo de que dichas descripciones sean verdad.

Años más tarde, en 1985, Dickson y Kelly encontraron algunas variables que afectan a la puntuación que los sujetos dan a este tipo de descripciones de la personalidad:

  • El sujeto puntúa más alto si cree que el análisis se aplica sólo a él.
  • El sujeto puntúa más alto si cree en la autoridad del evaluador.
  • El sujeto puntúa más alto si el análisis enumera mayormente atributos positivos.

De esta manera se explican sucesos tales como el horóscopo, las profecías, el tarot, y un largo etcétera. Cuando esto se realiza en vivo y no en medios escritos se produce otro curioso fenómeno llamado Lectura en Frío. En este vídeo Richard Dawkins os explica perfectamente lo que es la Lectura en Frío http://www.youtube.com/watch?v=WhgLZhLCzeE&feature=related

Como llevo cierto tiempo preparando este post, he hablado con algunas personas y, es una observación mía y no he realizado un estudio, parece ser que hay una tendencia a buscar episodios de la propia vida que encajen con la descripción, a la vez que una auténtica imposibilidad de encontrar aquellos que contradicen la descripción que se nos ha facilitado. Es como si nuestros recuerdos se bloqueasen y sólo pudiésemos acceder a los que concuerdan con lo que oímos o leemos.

Para finalizar os dejo el texto que Forer pasó a sus estudiantes:

Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y te admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que nos has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia fuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente y no aceptar las afirmaciones de los otros sin  pruebas suficientes. Encuentras poco sabio ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irreales.

Os dejo que analicéis vosotros mismos el texto, para mí las frases más interesante son:

“Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y te admiren; aunque tienes debilidades en tu personalidad generalmente eres capaz de compensarlas; y mi favorita, a veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado”.

El Sistema Nervioso (I): Organización general


Siempre oímos que el Sistema Nervioso (SN) controla nuestros actos, nuestros pensamientos, nuestras emociones. Pero, la verdad, es que es algo que suena casi a místico: “La mielinización es un proceso mediante el cual la neurona es recubierta de mielina, lo cual favorece la transmisión sináptica y aísla los axones y las dendritas”. Y se nos queda la cara a cuadros. El objetivo de esta pequeña serie de post será describir el SN de manera breve para poder entender mejor su funcionamiento y su utilidad.

El SN está compuesto de un gran número de células muy distintas unas de otras, no sólo neuronas. Todas tienen una función muy específica y su unión da como resultado nuestra capacidad para entender el mundo, pensar sobre él y actuar en él.

El SN se divide en dos partes principales:

-El Sistema Nervioso Central (SNC), compuesto por el encéfalo y la médula espinal, donde se genera toda nuestra conducta. El encéfalo es, más o menos, todo lo que queda dentro de nuestro cráneo, cerebro, cerebelo, bulbo raquídeo, etc.

-El Sistema Nervioso Periférico (SNP), compuesto por los ganglios y los nervios, su función es conectar el cuerpo con el SNC. Se compone de:

*El sistema Nervioso Somático, donde se incluyen los nervios aferentes (llevan la información de todo el cuerpo al SNC) y eferentes (llevan la información del SNC al resto del cuerpo).

*Y el Sistema Nervioso autónomo, compuesto por el Sistema Nervioso Simpático (dilata las pupilas, controla los latidos del corazón, dilata los bronquios, disminuye las contracciones estomacales y estimula las glándulas suprarrenales; también produce la sensación de alerta) y el Sistema Nervioso Parasimpático (controla los actos involuntarios, provoca y mantiene el descanso y la relajación tras un esfuerzo, y en general actúa en colaboración con el sistema simpático; también trabaja en el aparato gastrointestinal, al orinar y en la respiración).

Y esto es grosso modo la organización general del SN. En el próximo post veremos los ejes y planos de referencia sobre los que se estudia el SN.