El mundo no es como lo ves (II)


Estoy seguro de que todos hemos visto alguna vez este par de flechas. Si nos preguntasen nadie caería en la trampa de asumir que la línea central de la primera es más larga que la de la segunda. ¿Pero sabéis una cosa? Si nos pidiesen que las midiésemos “a ojo” el suficiente número de veces podríamos apreciar una tendencia a decir que la primera es más larga. Y es que, si la incapacidad de captar en su totalidad el mundo físico es la primera barrera que nos encontramos al percibir la realidad, nuestro cerebro es la segunda.

Esta imagen se llama la ilusión de Müller-Lyer y ejemplifica cómo nuestro cerebro interpreta todo, absolutamente todo, lo que le llega a través de los sentidos. ¿Y cómo sabemos que lo interpretamos todo? Pues, el caso de la visión es un buen ejemplo:

1º -> A nuestros ojos llega la información de un grupo de ondas electromagnéticas, no llegan ni colores, ni brillo, ni intensidad, etc.

2º-> Nuestro cerebro recibe la información visual de manera bidimensional. Puesto que sólo tenemos dos ojos y están uno junto a otro.

3º->  Sin embargo, nuestra percepción visual es coherente, significativa y en tres dimensiones. Es decir, vemos el mundo como un todo, no a parches, y lo que vemos tiene sentido para nosotros. Todo ello con percepción de profundidad.

La pregunta entonces sería cómo es que llega a ocurrir algo así. Podríamos pensar que estamos equivocados en cuanto a cómo nos llega la información a los órganos sensitivos en vez de pensar que nuestro cerebro procesa esa información. La clave para elegir una hipótesis u otra nos la dan los errores en la percepción. Si lo que percibimos fuesen propiedades invariantes de los objetos naturales no existirían los errores, puesto que no habría interpretación subjetiva.

Pero estos errores existen, en el caso de la percepción visual estos errores se conocen como ilusiones visuales. Pero es que además, no sólo los errores nos dan muestras de esa interpretación subjetiva, algunos aciertos también. Por ejemplo, lo que se ha dado en llamar constancia del tamaño, que es la habilidad de percibir correctamente el tamaño de un objeto. Supongamos que estamos en lo alto de un cerro y que podemos ver un árbol, el mar, y un barco en el mar. Si sólo atendiesemos a lo que vemos, sin interpretación, el árbol nos parecería más grande que el barco, pero nadie, por muy lejos que esté el barco y cerca el árbol, comete ese error de percepción, gracias a la constancia del tamaño. O mejor dicho, gracias a las interpretaciones que hace nuestro cerebro. Mirad esta bonita imagen que confirma lo que os digo acerca de la constancia del tamaño:

Sin hacer caso a lo que nuestro cerebro nos manda, podríamos decir que el árbol que se ve en la esquina inferior derecha mide por lo menos la mitad de la montaña del fondo. Pero nuestro cerebro nos dice claramente que eso no es así.

La ilusión óptica que os presento ahora es muy curiosa:

Todas las líneas verticales que aparecen son paralelas entre sí, pero desde luego a nosotros se nos representan de otra forma.

En esta otra imagen os aseguro que nada se mueve realmente, de hecho, si lo miráis por partes se mitigará mucho la sensación de movimiento. Pero tened cuidado con esta imagen y no la miréis mucho tiempo ya os producirá dolor de cabeza y podría marearos:

Tal vez todo esto pueda haceros dudar acerca de vuestro mundo sensorial y caigáis en esa duda nihilista que atormentaba a Descartes. Pero esa no es mi intención. De hecho, no debéis preocuparos demasiado sobre ese “mundo exterior” por que la evolución nos ha dotado de las armas necesarias para movernos a través de él. Cuando percibáis el mundo a través de la visión, el oído, el olfato, el tacto, o cualquier otro sentido de los 15 que aportan información del mundo a nuestro cerebro podéis tener la seguridad de que percibís la realidad en cierta manera.

Lo realmente importante es que nos planteemos que:  ¿Si el mundo no es como yo lo percibo (al menos en su totalidad) cómo puedo pretender imponer mi realidad a otros? Nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ideas, se basan en lo que conocemos del mundo, una información incompleta y subjetiva que, además, no es compartida por otros ya que cada cual interpreta su propia realidad. Así que, tal vez, ha llegado la hora de ser un poquito más transigente con las ideas de los demás.

Para terminar, me gustaría dejaros una ilusión óptica que realmente me encanta. Es una bailarina, que gira en un sentido, pero cuando menos te lo esperas cambia de dirección. Por supuesto la realidad no es esa, pero así se nos representa a nosotros. Os confieso que no soy capaz de verla cambiar a voluntad. A ver si vosotros sois capaces.

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El mundo no es como lo ves (I)


Perdonadme por estas dos semanas de ausencia, pero ya estoy de nuevo aquí con más ciencia y mucha más psicología. Voy a hablaros de cómo es el mundo para nosotros, que es muy distinto del mundo real.

La primera barrera que nos encontramos a la hora de percibir la realidad son nuestras capacidades biofísicas, es decir, nuestros sentidos. Tradicionalmente se nos ha enseñado que existen cinco sentidos, pero eso no es cierto, tenemos como mínimo15-sentidos-distintos.

Vamos a hablar de los dos sentidos que más utilizamos para relacionarnos con el mundo, la visión y el oído.

La capacidad de detectar la presencia de un estímulo visual depende de que los receptores sensoriales especializados de la retina capten la energía luminosa de dicho estímulo. Si esta energía luminosa es de un tipo distinto al que nuestros receptores pueden captar ésta pasará a nuestro lado sin que nos enteremos siquiera.

¿Qué significa esto? Pues que el espectro electromagnético es enorme y nosotros tan sólo captamos una parte muy chiquitita del mismo, la que podéis ver en la imagen. Otros animales pueden detectar otro rango del espectro electromagnético, por ejemplo algunas serpientes perciben el calor/frío que desprenden los cuerpos, eso quiere decir que están viendo el espectro infrarrojo, que va de los 700 nm (nuestro rojo) hasta 1 micrómetro.

Por lo tanto el mundo no es como lo vemos, pero es que tampoco es como lo oímos. El sonido es un fenómeno mecánico producido por las vibraciones de un objeto, que se transmiten a través del algún medio (para nosotros el aire), y que, si tienen la suficiente fuerza, al llegar a nuestro oído inician una cadena de sucesos que producen la sensación auditiva. Este proceso es bastante conocido, la vibración golpea nuestro tímpano, éste también vibra y va transmitiendo ésta vibración por la cadena de huesecillos del oído medio, que finalmente hacen que la vibración llegue a la cóclea que la transforma en impulsos nerviosos.

Seguro que ya habréis visto la trampa, este proceso se inicia si la energía es suficientemente fuerte para que la captemos. Y es que hay sonidos que producen ondas que están por encima o por debajo de las que pueden hacer vibrar nuestro tímpano. Como siempre algunos animales pueden captar estas ondas que a nosotros se nos escapan.

Como podréis observar, lo que nosotros podemos oír es más o menos lo mismo que pueden percibir las aves o los sapos, pero los elefantes, las ballenas, perros, insectos, delfines, etc. viven en un mundo sonoro distinto del nuestro.

De todo esto podemos extraer dos conclusiones, la primera es que con nuestros limitados sentidos tenemos suficiente para sobrevivir y prosperar o no estaríamos aquí. La segunda, es que el mundo no es tal y como los percibimos.