Hay una flor… creo que me ha domesticado…


La Psicobiología es una rama de la ciencia psicológica, a caballo entre ésta y la biología propiamente dicha. Estudia las bases biológicas de la conducta y es en ella dónde, realmente, nace la Psicología como disciplina científica; Fechner, Helmholtz o Pavlov son importantes investigadores que se dedicaron a esta rama, entre otras.

Un área interesantísima dentro de esta rama es la genética de la conducta, y este mes me he pegado el gustazo de leer, en la revista mensual de National Geographic, el artículo de Evan Ratliff: “Doméstico o salvaje”; que relata el apasionante experimento que se lleva realizando desde 1959 en Novosibirsk, Siberia, sobre el proceso de domesticación.

Ese año, Dmitri Belyaev se propuso conocer cómo los lobos llegaron a ser perros. Sin embargo, en aquel entonces los conocimientos y las técnicas genéticas no estaban tan desarrolladas como hoy y, para colmo, la U.R.S.S, consideraba la Sigue leyendo

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El mundo no es como lo ves (II)


Estoy seguro de que todos hemos visto alguna vez este par de flechas. Si nos preguntasen nadie caería en la trampa de asumir que la línea central de la primera es más larga que la de la segunda. ¿Pero sabéis una cosa? Si nos pidiesen que las midiésemos “a ojo” el suficiente número de veces podríamos apreciar una tendencia a decir que la primera es más larga. Y es que, si la incapacidad de captar en su totalidad el mundo físico es la primera barrera que nos encontramos al percibir la realidad, nuestro cerebro es la segunda.

Esta imagen se llama la ilusión de Müller-Lyer y ejemplifica cómo nuestro cerebro interpreta todo, absolutamente todo, lo que le llega a través de los sentidos. ¿Y cómo sabemos que lo interpretamos todo? Pues, el caso de la visión es un buen ejemplo:

1º -> A nuestros ojos llega la información de un grupo de ondas electromagnéticas, no llegan ni colores, ni brillo, ni intensidad, etc.

2º-> Nuestro cerebro recibe la información visual de manera bidimensional. Puesto que sólo tenemos dos ojos y están uno junto a otro.

3º->  Sin embargo, nuestra percepción visual es coherente, significativa y en tres dimensiones. Es decir, vemos el mundo como un todo, no a parches, y lo que vemos tiene sentido para nosotros. Todo ello con percepción de profundidad.

La pregunta entonces sería cómo es que llega a ocurrir algo así. Podríamos pensar que estamos equivocados en cuanto a cómo nos llega la información a los órganos sensitivos en vez de pensar que nuestro cerebro procesa esa información. La clave para elegir una hipótesis u otra nos la dan los errores en la percepción. Si lo que percibimos fuesen propiedades invariantes de los objetos naturales no existirían los errores, puesto que no habría interpretación subjetiva.

Pero estos errores existen, en el caso de la percepción visual estos errores se conocen como ilusiones visuales. Pero es que además, no sólo los errores nos dan muestras de esa interpretación subjetiva, algunos aciertos también. Por ejemplo, lo que se ha dado en llamar constancia del tamaño, que es la habilidad de percibir correctamente el tamaño de un objeto. Supongamos que estamos en lo alto de un cerro y que podemos ver un árbol, el mar, y un barco en el mar. Si sólo atendiesemos a lo que vemos, sin interpretación, el árbol nos parecería más grande que el barco, pero nadie, por muy lejos que esté el barco y cerca el árbol, comete ese error de percepción, gracias a la constancia del tamaño. O mejor dicho, gracias a las interpretaciones que hace nuestro cerebro. Mirad esta bonita imagen que confirma lo que os digo acerca de la constancia del tamaño:

Sin hacer caso a lo que nuestro cerebro nos manda, podríamos decir que el árbol que se ve en la esquina inferior derecha mide por lo menos la mitad de la montaña del fondo. Pero nuestro cerebro nos dice claramente que eso no es así.

La ilusión óptica que os presento ahora es muy curiosa:

Todas las líneas verticales que aparecen son paralelas entre sí, pero desde luego a nosotros se nos representan de otra forma.

En esta otra imagen os aseguro que nada se mueve realmente, de hecho, si lo miráis por partes se mitigará mucho la sensación de movimiento. Pero tened cuidado con esta imagen y no la miréis mucho tiempo ya os producirá dolor de cabeza y podría marearos:

Tal vez todo esto pueda haceros dudar acerca de vuestro mundo sensorial y caigáis en esa duda nihilista que atormentaba a Descartes. Pero esa no es mi intención. De hecho, no debéis preocuparos demasiado sobre ese “mundo exterior” por que la evolución nos ha dotado de las armas necesarias para movernos a través de él. Cuando percibáis el mundo a través de la visión, el oído, el olfato, el tacto, o cualquier otro sentido de los 15 que aportan información del mundo a nuestro cerebro podéis tener la seguridad de que percibís la realidad en cierta manera.

Lo realmente importante es que nos planteemos que:  ¿Si el mundo no es como yo lo percibo (al menos en su totalidad) cómo puedo pretender imponer mi realidad a otros? Nuestros sentimientos, nuestras emociones, nuestras ideas, se basan en lo que conocemos del mundo, una información incompleta y subjetiva que, además, no es compartida por otros ya que cada cual interpreta su propia realidad. Así que, tal vez, ha llegado la hora de ser un poquito más transigente con las ideas de los demás.

Para terminar, me gustaría dejaros una ilusión óptica que realmente me encanta. Es una bailarina, que gira en un sentido, pero cuando menos te lo esperas cambia de dirección. Por supuesto la realidad no es esa, pero así se nos representa a nosotros. Os confieso que no soy capaz de verla cambiar a voluntad. A ver si vosotros sois capaces.

Los animales también crean cultura


Este señor es Jordi Sabater Pi (1922-2009), tal vez lo conozcáis por ser quien trajo al zoo de Barcelona a Copito de Nieve, pero fue pionero en el campo de la etología y un gran experto a nivel mundial. Fue el descubridor de varios comportamiento culturales en distintas especies.

Y es que, hay quienes defienden que el ser humano es distinto y especial entre los animales por, entre otras cosas, su capacidad de hablar y de tener conciencia de sí mismo.

Sin embargo, los chimpancés son capaces aprender nuestro lenguaje (aunque, obviamente, no pueden reproducir sus sonidos). En cautividad se les ha llegado a enseñar hasta quinientas palabras distintas que utilizan para hablar, sin voz, con nosotros.

Además, el chimpancé se reconoce en el espejo, diferenciando claramente entre él y los demás. Tanto es así, que los chimpancés son concientes de la muerte, y cuando alguno de ellos muere, los demás se ponen muy tristes por un tiempo. Aun más, cuando una madre pierde a su hijo, entra en un estado de depresión que puede durar meses.

Todo esto demuestra que son animales con conciencia de sí mismos, los demás y el paso del tiempo; requisitos indispensables para comenzar a crear conocimientos y transmitirlos culturalmente. Y esto es justamente lo que hacen los chimpancés.

En África, cuando llega la estación seca y no tienen agua para beber, nunca beben de los charcos de agua estancada para evitar las enfermedades infecciosas. Lo que hacen es excavar pozos hasta encontrar agua limpia. Y lo más sorprendente de todo, este conocimiento lo transmiten culturalmente a los miembros jóvenes de su familia. ¿Cómo? Sencillo, los otros chimpancés observan cómo llevan a cabo el proceso los miembros más veteranos y así lo aprenden, con lo que pasa a formar parte de su acerbo cultural.

Igual de sorprendente que esto, es la capacidad de estos mismo animales de fabricar herramientas simples, como palos de cierto tamaño para obtener termitas. El hecho de aprender a fabricar herramientas simples a partir de objetos naturales es una conducta cultural.

Los seres humanos compartimos con las plantas y los animales gran parte de nuestro ADN y no podemos negar que debemos replantearnos nuestra relación con el planeta y los animales, que hoy se basa en la superioridad religiosa, y convertirla en una relación igualitaria. En palabras de Jordi Sabater Pi:

Las generaciones futuras nos juzgarán la misma manera que nosotros juzgamos a los esclavistas de hace cien años […] Yo creo que la humanidad se encamina hacia la abolición del maltrato de los animales, pero cuando se legisle ya no quedarán animales en la naturaleza.

Darwin y la Psicología.


Desde principios del siglo XVIII, existe esa lucha entre Biología y religión por adjudicarse el derecho a hablar del origen del hombre.  En esta época encontramos a Carl von Linneo (1707-1778), creador de la Sistemática actual, que dedicó su vida a clasificar el mundo vivo y así poder defender la idea de que todas las especies surgieron en un único acto creador en aspecto y número similar al que encontramos hoy. Esta planteamiento se conoce como Fijismo.

Por entonces, los fósiles eran considerados meras curiosidades geológicas, pero el descubrimiento de su verdadero origen puso de manifiesto la antigüedad de la Tierra, lo que trastocaba las ideas fijistas. Así surge una nueva teoría para dar cuenta de la “creación”: el Catastrofismo, esta teoría defendía que la Tierra había estado expuesta a grandes cataclismos que habían extinguido la vida, por lo que Dios había tenido que volver a crear nuevas especies.

En los primeros años del siglo XIX, nos encontramos con Jean-Baptiste Antoine de Monet, Caballero de Lamarck (1744-1829), un nombre muy largo para un hombre que fue el primero en dar una visión naturalista de la evolución, aunque desde la perspectiva romántica de la época.  Lamarck propuso que las especies cambian para adaptarse a sus necesidades mediante la ley del “uso y desuso”, y que cada organismo representaría una línea evolutiva con origen en la generación espontánea y que busca la autoperfección.

Como veis, en la época en la que Darwin inicia su viaje a bordo del Beagle la idea de la evolución era prácticamente aceptada por los naturalistas de la época. Este viaje tenía como objetivo crear cartas de navegación de Sudamérica y explorar las islas del Pacífico y Australia. Pero el capitán Robert FitzRoy (1805-1865) albergaba la secreta esperanza de encontrar evidencias de la verdad del Génesis, y por eso solicitó la presencia a bordo de un naturalista, que, casualidades del destino, resultó ser Darwin. Aunque la teoría de la evolución por selección natural no vería la luz hasta muchos años después de su vuelta a casa.

La gran aportación de Darwin fue, además de la gran cantidad de muestras, datos, animales y fósiles que trajo consigo a Inglaterra, la idea de la selección natural. El razonamiento que  Darwin plantea en “El origen de las especies” (1859) es sencillo: 1) el crecimiento de las poblaciones tiene como límite la cantidad de recursos disponibles; 2) la limitación de los recursos hace que los individuos tengan que luchar por ellos, por lo que los individuos que porten rasgos que les permitan mejor acceso a los recursos tendrán más posibilidades de sobrevivir y reproducirse; 3) los descendientes tienden a heredar los caracteres de los progenitores y a transmitirlos; 4) tras muchas generaciones el proceso que favorece unos rasgos y elimina otros de la población hace que ésta se transforme paulatinamente.

Pero Darwin no se quedó ahí, y mientras sus coetáneos buscan más pruebas acerca de la evolución por selección natural, él se lanzó a buscar los orígenes del hombre. En 1871 publicó el ” Origen del hombre y la selección en relación al sexo”, en el que compara las capacidades mentales del hombre y otros animales y concluye que las diferencias encontradas son sólo de grado, y no de clase. Al año siguiente, en 1872, Darwin publica un nuevo libro titulado “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, el primer libro en el que el comportamiento es considerado como una característica biológica más, susceptible de ser afectado por la selección natural. Además, este libro también es el primero en hablar de lo que hoy se conoce como lenguaje no verbal, pues examina las expresiones faciales emocionales involuntarias, y su universalidad, es decir, cómo las emociones se reflejan en el rostro por igual en todas las personas y culturas.  Pero es que no se acaba aquí, en 1877, Darwin publica un artículo llamado “Bosquejo biográfico de un bebé”, un diario de observación en el que analiza el desarrollo de uno de sus hijos desde que nace.

La vida y el trabajo de Darwin han marcado la historia de occidente, de la Ciencia, y de la Psicología, y nos ha dejado un buen ejemplo a seguir.