Herencia vs. Cultura: una historia de amor


Existe una marcada tendencia hacia la distinción entre ciencias sociales y ciencias naturales, también hacia la disputa entre “resultados de la herencia” (evolución y/o genes) y “resultados de la cultura” (imposiciones sociales); esto último se conoce como controversia herencia-medio. Creo que se debe a la tradicional consideración de que lo que hace el hombre es cualitativamente distinto del resto del mundo natural. Afirmación que no tiene ninguna base, todo sea dicho.

Para entender bien este tema tenemos que partir de que existe una continuidad evolutiva, como propuso Darwin (1859), entre todas las especies animales. ¿Por qué esta premisa? Sencillo, es la base evidente de que todos los seres humanos compartimos una herencia genética común, lo cual permite que podamos entendernos (o mal entendernos) entre nosotros; y también que existan procesos psicológicos comunes a todos los humanos. Si no aceptamos este hecho no sería descabellado pensar que negros y blancos no son la misma especie, lo cual es evidentemente falso. La evidencia está en que existe lo que llamamos (al menos por mi tierra) los mulatos, hijos de personas blancas y negras, y además son fértiles. Por lo tanto somos una única especie, con ancestros comunes.

¿Y cómo hemos llegado a ser lo que somos? Bueno, esto es una pregunta que no tiene una respuesta simple, pero vamos a conocer al menos el porqué nuestro cerebro es como es. Existen dos hipótesis que tratan de explicar este fenómeno:

  1. La hipótesis de la inteligencia ecológica, defiende que fue la necesidad de resolver problemas relacionados con la supervivencia lo que impulsó el desarrollo del cerebro. Buscar alimentos, refugios, explorar territorios, etc. Una vez desarrolladas estas capacidades se pudieron utilizar para las relaciones sociales.
  2. La hipótesis de la inteligencia social, sostiene que el principal impulsor del desarrollo cerebral, y de la inteligencia que lo acompaña, fue la necesidad de solucionar problemas sociales cada vez más complejos, en concreto, la necesidad de mantener el grupo unido. Dado que, dentro del grupo, los individuos podrían adquirir las técnicas necesarias para la supervivencia a través de aprendizaje social.

Robin Dumbar dio con la clave de este problema, encontrando que no existía correlación entre el tamaño del cerebro de distintas especies con las variables relevantes para la hipótesis de la inteligencia ecológica.

Sin embargo, sí existe correlación entre el tamaño relativo del cerebro y el tamaño del grupo de los individuos y la complejidad de las relaciones sociales que establecen entre ellos. De esta forma, Dumbar, formuló la hipótesis del cerebro social, asegurando que el tamaño del cerebro marca el límite de relaciones sociales que se pueden establecer. En otras palabras, cuanto mayor es el grupo social de un animal, y más complejas son las relaciones sociales que establece ese animal con el resto de los miembros de su grupo, más grande tiene el cerebro, concretamente el neocortex.

De esta forma, la tendencia de la evolución humana a crear grupos lleva hasta lo que la psicóloga Susan Fiske denomina motivos sociales universales, que son cinco:

  1. Motivo de pertenencia -> o necesidad de sentirse implicado en una relación y de pertenecer a un grupo social.
  2. Motivo de comprensión -> o necesidad de conocimiento, de uno mismo, de los demás, de la realidad que nos rodea, etc.
  3. Motivo de control -> o necesidad de sentirse competente y eficaz al tratar con el ambiente social y con uno mismo.
  4. Motivo de potenciación personal -> o necesidad de sentirse especial y único dentro del grupo.
  5. Motivo de confianza -> o predisposición a esperar cosas buenas de la gente, haciendo a las personas más sociables, abiertas y predispuestas a la cooperación.

En resumen, hasta ahora hemos visto que la evolución de los seres humanos ha sido consecuencia de una adaptación al medio social, desarrollando mecanismos cognitivos que permiten la organización de grupos de individuos, la comunicación entre los miembros de ese grupo y, en general, todas las capacidades psicológicas que permiten la vida en comunidad. Visto lo cual, no es de extrañar que científicos como Roy Baumeister hayan propuesto que: la continua evolución hacia la vida en grupo ha favorecido una vida social cada vez más compleja, que excede los límites del propio grupo y da lugar a la cultura.

La cultura resulta biológicamente rentable porque posibilita el progreso acumulativo y sin retrocesos del conocimiento, la división del trabajo, la diferenciación de roles, y la posibilidad de beneficiarse de la interacción con muchas más personas que aquellas con las que uno sólo podría tratar según Dumbar (unas 150). Lo que, al final, es bueno para conseguir que los propios genes estén presentes en la próxima generación de individuos

Pero, si la cultura es fruto de la evolución humana, ¿por qué existen distintas culturas? ¿No sería más lógico que existiese una única cultura humana?

En principio podríamos pensar que la existencia de múltiples culturas invalida la exposición de este post, pero preguntémonos qué es cultura. Existen muchas definiciones, sin embargo casi todos los investigadores coinciden en estos tres aspectos de la cultura:

1) La cultura surge de la interacción adaptativa entre los seres humanos y los ambientes físicos y sociales en los que viven.

2) La cultura consiste en elementos compartidos.

3) La cultura es transmitida de unos a otros durante cierto tiempo.

Entendiendo estos tres puntos podemos ver que las múltiples culturas no son incompatibles con la evolución, sino consecuencia de ella: las distintas culturas son distintas adaptaciones al medio en que viven los distintos grupos humanos. Una cultura dada permite a un individuo funcionar de forma eficaz en su entorno concreto. Un ejemplo claro son los distintos horarios de comida en las distintas culturas.

Una prueba de lo expuesto aquí es que no sólo los humanos tienen cultura. Distintos animales sociales tienen formas culturales propias de cada grupo. Jordi Sabater Pi (1992) d0cumentó diferencias culturales entre chimpancés de África centro-occidental, que utilizaban bastones para perforar entradas en los termiteros y buscar estos bichillos que los vuelven locos; y chimpancés de África oriental, que para conseguir termitas utilizaban hojas enrolladas o finas ramas que introducían en los conductos de ventilación de los termiteros.

También se ha encontrado, en África occidental, que los chimpancés utilizan yunques y percutores de piedra para romper frutos de cáscara dura, como la nuez del árbol del aceite de palma. La forma de hacerlo, y las herramientas que utilizan son muy parecidas entre los grupos que viven cerca unos de otros, y muy distintas de las formas que utilizan los grupos que viven lejos.

Como último ejemplo tenemos a los mandriles de un zoo inglés que han aprendido un gesto realmente gracioso: se llevan las manos a la cara y se tapan los ojos: sí hacen un “facepalm” en toda regla. Este gesto, que sólo lo realiza este grupo de mandriles en el mundo, significa algo así como “no molesten”.

En definitiva, no existe un salto cualitativo entre evolución y cultura, los procesos psicológicos, las conductas y las emociones no están determinadas de manera unánime por uno de estos elementos. La psicología, la cultura, las “ciencias sociales”, no son más que una expresión de los procesos biológicos que nos han traído hasta aquí.

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Fuentes:

Introducción a la Psicología Social, E. Gaviria, I. Cuadrado, M. López (coord.) (2009)

Amazings.es: Mandriles que aprenden a hacer “facepalm.”

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Este post participa en el Primer Carnaval de Biología que organiza Micro Gaia.

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Darwin y la Psicología.


Desde principios del siglo XVIII, existe esa lucha entre Biología y religión por adjudicarse el derecho a hablar del origen del hombre.  En esta época encontramos a Carl von Linneo (1707-1778), creador de la Sistemática actual, que dedicó su vida a clasificar el mundo vivo y así poder defender la idea de que todas las especies surgieron en un único acto creador en aspecto y número similar al que encontramos hoy. Esta planteamiento se conoce como Fijismo.

Por entonces, los fósiles eran considerados meras curiosidades geológicas, pero el descubrimiento de su verdadero origen puso de manifiesto la antigüedad de la Tierra, lo que trastocaba las ideas fijistas. Así surge una nueva teoría para dar cuenta de la “creación”: el Catastrofismo, esta teoría defendía que la Tierra había estado expuesta a grandes cataclismos que habían extinguido la vida, por lo que Dios había tenido que volver a crear nuevas especies.

En los primeros años del siglo XIX, nos encontramos con Jean-Baptiste Antoine de Monet, Caballero de Lamarck (1744-1829), un nombre muy largo para un hombre que fue el primero en dar una visión naturalista de la evolución, aunque desde la perspectiva romántica de la época.  Lamarck propuso que las especies cambian para adaptarse a sus necesidades mediante la ley del “uso y desuso”, y que cada organismo representaría una línea evolutiva con origen en la generación espontánea y que busca la autoperfección.

Como veis, en la época en la que Darwin inicia su viaje a bordo del Beagle la idea de la evolución era prácticamente aceptada por los naturalistas de la época. Este viaje tenía como objetivo crear cartas de navegación de Sudamérica y explorar las islas del Pacífico y Australia. Pero el capitán Robert FitzRoy (1805-1865) albergaba la secreta esperanza de encontrar evidencias de la verdad del Génesis, y por eso solicitó la presencia a bordo de un naturalista, que, casualidades del destino, resultó ser Darwin. Aunque la teoría de la evolución por selección natural no vería la luz hasta muchos años después de su vuelta a casa.

La gran aportación de Darwin fue, además de la gran cantidad de muestras, datos, animales y fósiles que trajo consigo a Inglaterra, la idea de la selección natural. El razonamiento que  Darwin plantea en “El origen de las especies” (1859) es sencillo: 1) el crecimiento de las poblaciones tiene como límite la cantidad de recursos disponibles; 2) la limitación de los recursos hace que los individuos tengan que luchar por ellos, por lo que los individuos que porten rasgos que les permitan mejor acceso a los recursos tendrán más posibilidades de sobrevivir y reproducirse; 3) los descendientes tienden a heredar los caracteres de los progenitores y a transmitirlos; 4) tras muchas generaciones el proceso que favorece unos rasgos y elimina otros de la población hace que ésta se transforme paulatinamente.

Pero Darwin no se quedó ahí, y mientras sus coetáneos buscan más pruebas acerca de la evolución por selección natural, él se lanzó a buscar los orígenes del hombre. En 1871 publicó el ” Origen del hombre y la selección en relación al sexo”, en el que compara las capacidades mentales del hombre y otros animales y concluye que las diferencias encontradas son sólo de grado, y no de clase. Al año siguiente, en 1872, Darwin publica un nuevo libro titulado “La expresión de las emociones en el hombre y los animales”, el primer libro en el que el comportamiento es considerado como una característica biológica más, susceptible de ser afectado por la selección natural. Además, este libro también es el primero en hablar de lo que hoy se conoce como lenguaje no verbal, pues examina las expresiones faciales emocionales involuntarias, y su universalidad, es decir, cómo las emociones se reflejan en el rostro por igual en todas las personas y culturas.  Pero es que no se acaba aquí, en 1877, Darwin publica un artículo llamado “Bosquejo biográfico de un bebé”, un diario de observación en el que analiza el desarrollo de uno de sus hijos desde que nace.

La vida y el trabajo de Darwin han marcado la historia de occidente, de la Ciencia, y de la Psicología, y nos ha dejado un buen ejemplo a seguir.