El Test de Rorschach… porque la Psicología también tiene sus leyendas.


Por fin estoy de vuelta. Hoy es la reapertura del blog, con una nueva estética y una página de facebook.  No puedo prometeros mayor regularidad, ni tampoco que esta bitácora continúe para siempre, pero sí que puedo prometeros que lo intentaré.

Como podéis observar en la nueva cabecera, a la derecha, aparece una miniatura de la imagen que ilustra esta entrada, es la lámina número 7 del Test de Rorschach.

Este test proyectivo fue desarrollado por Hermann Rorschach (1884-1922), un médico suizo de orientación psicoanalista. La proyección es un concepto del psicoanálisis que se refiere a un “mecanismo de defensa que le atribuye a otros ideas, pensamientos y la intención de causar daño a la propia persona porque no es capaz de reconocer que estos son propios, dado que son moralmente inaceptables”. Podríamos entender que este test permite conocer los pensamientos “desviados” de los pacientes, y de esta forma su patología.

Obviamente, este test, al igual que el concepto de proyección y el psicoanálisis, no tiene ningún fundamento científico, lo que no impide que exista una Sociedad Internacional del Test de Rorschach y su rama española.

El Test de Rorschach se compone de 10 láminas con manchas de tinta, negra y de colores, sin forma definida y de difícil significado. Tienen un aspecto que, al menos para mí, evoca un aura de terror, de manicomios y terribles experimentos.  Por supuesto, sé que no es más que el fruto de películas de terror de serie B, la realidad es que desde la época Clásica existe la preocupación por los “locos” y la necesidad tratarlos de forma caritativa.

Todo quedaría aquí si no existiesen las susodichas asociaciones y “profesionales” que utilizan estas “técnicas”, alguno incluso creyendo que son beneficiosas para sus pacientes. Una nueva muestra de la falta de preparación científica y la credulidad de algunos, y lo que es peor, la maldad e irresponsabilidad de otros.

Sin más, os dejo las 10 láminas del test, y la dirección de un blog donde podéis ver cuales “deberían” ser las respuestas.

HOY ES EL DÍA DEL JUICIO FINAL…


O al menos eso es lo que asegura un tal Harold Camping, ya os imagináis de qué va este tipo, que si la Tierra tiene 10 ooo años, que si el nacimiento virginal, el diluvio universal, y tonterías varias. Ya hay incluso un grupo de FB de gente que se reunirá mañana para celebrar el NO FIN DEL MUNDO.

Para ser exactos, Camping asegura que hoy es el Día del Juicio Final, que habrá un gran terremoto como no se ha visto jamás y que aquellas personas que murieron creyendo en dios resucitarán. El día del fin del mundo propiamente dicho lo sitúa en el 21 de octubre de este mismo año. Entre tanto, viviremos la Gran Tribulación.

La realidad es que este vaina ya se había equivocado una vez, dado que había predicho el fin del mundo para 1994, sin embargo, cuando llegó esa fecha aseguró que se había confundido en los cálculos y que esta es la buena de verdad… eso me recuerda algo.

             Teoría de la disonancia cognitiva.

Una de las teorías psicológicas más importantes ha sido la teoría de la disonancia cognitiva desarrollada por Leon Festinger en 1957.

Festinger considera que una motivación humana esencial es el deseo de coherencia. Coherencia entre las propias creencias, actitudes y conducta, para mantener el bienestar psicológico. Cuando, en alguno de estos aspectos, no somos coherentes, se produce un estado de malestar y estrés emocional denominado disonancia cognitiva.
Sin embargo, la gran aportación de Festinger es asegurar que las personas difícilmente reconocen esa inconsistencia, sino que siempre van a tratar de justificarla o racionalizarla. Además, siempre que la percepción de la realidad se oponga a alguna de nuestras creencias existirá una presión para cambiar esa forma de pensar inconsistente con la realidad.
El último concepto importante es que el estado de disonancia cognitiva no se produce por la necesidad de ser lógicos o coherentes, sino que es un factor motivacional, como el hambre o la sed, que activa fisiológicamente el organismo y que busca reducir el malestar provocado por la incoherencia.
Una vez que se produce el estado de disonancia existen tres formas de reducirlo para volver al equilibrio psicológico:
 1) Añadir nuevos elementos consonantes con las acciones, creencias o actitudes. Por ejemplo, pensar que has tenido un error de cálculo y que tus predicciones se cumplirán más adelante.
 2) Aumentar la importancia de los elementos consonantes. Por ejemplo, pensar que el fin del mundo empezó realmente en 1994 y que todas las desgracias vividas desde entonces son su consecuencia.
 3) Quitar importancia a los elementos disonantes. Por ejemplo, pensar que es más importante saber más o menos cuando ocurrirá que la fecha exacta.
Esta teoría ha recibido mucho apoyo empírico, tanto de su autor como de otros muchos autores después de él. Ahora llegamos a mi parte favorita.
En 1956, Festinger, Riecken, y Schachter se infiltraron en una secta para observar qué sucedería cuando una de sus creencias se desconfirmara objetivamente. Dicha secta había anunciado que serían abducidos a otro planeta en una fecha concreta. La abducción la realizarían unos extraterrestres con los que se comunicaban para salvarlos antes de que se inundara la Tierra.
Pasado ese día sin que sucediese nada, la líder el grupo anunció que Dios había salvado el mundo gracias a la bondad de los miembros de la secta. A raíz de esto, el grupo, que no hacía proselitismo, comenzó a predicar activamente para persuadir a otros.
La disonancia cognitiva lleva a buscar información sesgada para confirmar los elementos consonantes a la vez que evita los disonantes. Cuando se recibe información que contradice las propias ideas se suele negar la veracidad de dicha información o se intenta invalidar con cualquier excusa.
El hecho de persuadir a otros tiene que ver con otros mecanismos sociales. Básicamente, el que otros crean lo que tú funciona como heurístico o atajo mental: Si mucha gente cree lo que yo, es porque será verdad.
En definitiva, a veces el mundo da señales de haberse vuelto loco.

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Porqué los ateos no creen en el infierno (IV)


Tal y como os prometí, hoy llega el último post de esta serie. Hoy quiero hablaros de uno de los conceptos centrales de las religiones: el castigo eterno.

Todas las religiones prometen algún tipo de paraíso y de castigo después de la muerte para aquellos que cumplen o desobedecen sus directrices. El infierno cristiano es un “lago de fuego y azufre”, es el lugar donde habitan los demonios y los malvados y donde sufrirán por toda la eternidad. Para los testigos de Jehová, el infierno es el fin de la existencia, de tal manera que los bondadosos vivirán eternamente y los malvados desaparecerán. En el islam, el infierno también es un lugar de fuego, como una ciudad toda de fuego, con edificios de fuego, camas de fuego, calles de fuego, etc. En el hinduísmo existen 21 infiernos distintos, y el infierno budista es el reino de los Nerakas. En la antigua Grecia existían distintos destinos para los muertos, tanto benignos como tortuosos. En la mitología nórdica, a los que no se les concedía entrar al Vahalla, eran entregados a Hel, en cuyo reino los lobos destrozaban los cadáveres de los asesinos, los perjuros y los que seducían a la mujer de otro.

Como dato gracioso, en el año 2001 se les concedió el premio Ig Nobel de Astrofísica a Jack y Rexella Van Impe por su gran estudio en el que “demostraban” que los agujeros negros cumplen todos los requisitos para ser la localización del infierno.

Bromas a parte, el concepto de infierno puede ser realmente perjudicial para la salud mental de los creyentes: ¡TEN MIEDO! ¡SI NO ACTÚAS COMO TE DIGO IRÁS AL INFIERNO! Como habréis podido comprobar, en mi blog no se han tratado temas éticos, sin embargo no puedo dejar de decir que es completamente perverso e inmoral hacer que alguien piense esto. Es un abuso, como los abusos violentos a los niños en los colegios o los abusos sexuales, ya que todos estos casos tienen en común el hacer que quien lo sufre viva con miedo. Las religiones, al enseñar sobre el infierno, están llevando a cabo un tipo de maltrato sobre sus fieles.

Ahora es el momento en que me podéis preguntar: Pablo ¿por qué no crees en el infierno, y en consecuencia, tampoco en el cielo? Todas las religiones del mundo han hablado acerca de lugares de premio o sufrimiento; ¿no tienes miedo? Y mi respuesta es que yo sé algo que los que idearon las religiones no sabían, y yo sé algo que los fieles no saben: Yo sé qué es el fuego.

Para terminar me gustaría que también vieseis este video en el que Richard Dawkins habla sobre las religiones.

Porqué los ateos no creen en el infierno (III)


Orden, esto es lo que explica porqué llegamos a realizar inferencias causales de la realidad erróneas. Buscamos el orden, la organización, cómo se estructura el suceso que estamos presenciando.

Esta es la conclusión del psicólogo Bruce Hood, de la Universidad de Bristol. En este enlace podéis ver la entrevista que le hizo Eduard Punset, titulada “Programados para creer“.

Nuestro cerebro, como mecanismo de supervivencia, se ha especializado en buscar las relaciones existentes entre sucesos. Por ejemplo: “Está nublado, va a llover“. De esta manera hemos establecido que el suceso A (está nublado) es la causa de un suceso B posterior (llover). Este tipo de relaciones son útiles para vivir.

Sin embargo, también somos capaces de establecer relaciones más complejas, de consecuencias menos evidentes. Como dice Bruce Hood, nuestra vida está llena de sucesos que no podemos explicar claramente, pero aun así nuestro cerebro, emperrado en encontrar la manera en la que funciona el mundo, intenta encontrar una solución al problema, por disparatada que sea.

¿Cómo sabemos que nuestro cerebro busca relacionar los hechos que vivimos día a día? Fijaos bien en la imagen de la derecha, se conoce como Triángulo de Kanizsa. En esa imagen no hay ningún triángulo, pero todos podemos ver dos triángulos distintos, uno hacia arriba; otro invertido,sin bordes, pero más brillante. La realidad es que no hay ningún triángulo, y que el fondo de la imágen no es más brillante en el supuesto triángulo invertido, aunque así nos lo parece.

Al mirar esta imagen, se activa en vuestro cerebro (y en el mio) una serie de procesos que terminan diciéndole a la corteza visual (en el lóbulo occipital) que se comporte como si realmente hubiese un triángulo en medio de ese conjunto de figuras, porque es la mejor solución posible. Un triángulo blanco invertido explica porqué están organizadas así estas figuras. Si esto os hace pensar que el mundo no es como lo veis (I y II), estáis en lo cierto, y en estos dos post os explico porqué.

Un punto importante, como explica Bruce Hood, es que no sabemos trabajar bien con la aleatoriedad. No somos capaces de realizar, por ejemplo, series de números realmente aleatorios.

De esta manera, al no trabajar bien con la aleatoriedad y por lo tanto buscar siempre patrones, nos encontramos con pensamientos realmente curiosos. Por ejemplo, bolígrafos de la suerte, rituales extraños como atarse lo zapatos de cierta manera o en determinado orden, tocar una pared al salir de casa, o de un examen, o antes de coger el coche. Y podríamos seguir así.

Es importante constatar que no sólo nuestro cerebro funciona así. Como pudimos comprobar en el anterior post de esta serie, las palomas utilizadas por Skinner en su experimento intentaban encontrar cuál era el patrón de conducta que les permitía conseguir comida, cuando la realidad es que no había ningún comportamiento que les permitiera acceder a su alimento.

Otro dato importante que permite explicar el surgimiento de las creencias supersticiosas es que los seres humanos creemos lo que otro ser humano nos dice. Esto es lógico, porque si tuviésemos la necesidad de contrastar, punto por punto, todo lo alguien nos cuenta, simple y llanamente no tendríamos tiempo para vivir, ni para conversar. Existen limitaciones en este supuesto, por ejemplo, no creemos lo que nos diga cualquiera, o no creemos las cosas cuando nos las dicen de cierta manera. Así, siempre vamos a creer más a una persona con la que tenemos lazos emocionales que a un desconocido, o tendemos a creer a alguien que argumenta su explicación antes que alguien que dice “esto es así porque sí”. Esta es la base también de muchos problemas en nuestras relaciones sociales, basta que alguien diga “hay que ver lo que hizo fulanito” para que la conversación nos enganche, y si la persona que lo dice es más cercana a nosotros que la persona mencionada tendemos a creer en sus palabras.

En resumen, somos máquinas incansables de establecer relaciones entre hechos del día a día y creemos lo que las personas cercanas a nosotros nos cuentan. Pero aun queda otro mecanismo evolutivo importante que facilita la creencia en sucesos sobrenaturales: La imaginación.

Mirad esta imagen, el tigre escondido entre el follaje, acechando. ¿Qué pasaría si no tuviésemos imaginación? Pues que no sabríamos que detrás de esa hermosa cabeza de tigre hay un terrorífico cuerpo de tigre. Está claro que aquellos antepasados nuestros que carecían de imaginación murieron pronto; además, la imaginación es un procesos cognitivo imprescindible para la memoria. Cuando “traemos a la memoria” un dato, realmente lo estamos imaginando; es decir, reconstruyendo a partir de patrones sensoriales conocidos. De esta manera unimos una imagen, un olor y un sonido, y  recordamos, por ejemplo, a nuestra madre, pero no estamos reviviendo un hecho, si no recreándolo con la imaginación.

Pero la imaginación tiene una parte negativa, pues nos permite crear conceptos tales como “suerte”, “dios”, “unicornio”, etc. Ideas que no hacen referencia  a nada real, pero que somos capaces de recrear, como mecanismos que explican sucesos.

Un ejemplo que aúne estos datos es el que dan Punset y Hood al inicio de la entrevista: ¿Podemos sentir que alguien nos mira? Sabemos que físicamente es imposible. Pero si nos sentimos incómodos en una situación y descubrimos que alguien nos miraba inmediatamente salta nuestra necesidad de establecer relación, la creencia de que esto es posible porque otros nos han contado que también lo han vivido, y la capacidad de imaginar cómo es posible. Y creamos nuestra creencia irracional de que podemos sentir que alguien nos mira en base a experiencias propias.

A lo largo de esta serie hemos descubierto que tendemos a creer ciertas descripciones de nosotros mismos, que establecemos relaciones entre sucesos de forma constante y sin poder evitarlo, creemos en lo que otros nos dicen e imaginamos cómo puede ser posible lo que nos cuentan.  Sobre la base de estos procesos psicológicos no es difícil darse cuenta de como funcionan, por ejemplo, las religiones a nivel individual, el horóscopo, y todo tipo de creencias supersticiosas. En el último post de esta serie haremos honor a su nombre y os explicaré por qué los ateos no creen en el infierno.

Porqué los ateos no creen en el infierno (II)


Hoy vamos a hablar de uno de mis autores favoritos, Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), y de un experimento muy interesante: la conducta supersticiosa en palomas.

La primera pregunta que se debe responder es ¿Por qué un experimento con unas puñeteras palomas puede explicarnos algo de la conducta humana? Y es una pregunta legítima. Dejemos de lado el tema del desarrollo filogenético y vayamos directamente a la psicología. Desde el comienzo del siglo XX, hubo un proceso de abandono de las teorías filosóficas en psicología y un acercamiento a la ciencia y la biología, tanto que, en 1913, Watson declara que la psicología es una rama de la biología, y a esta nueva ciencia la llama “conductismo“. El paradigma central de este primer conductismo era el trabajo de Pavlov que recibía el nombre de “condicionamiento clásico“. Sin embargo, con el paso del tiempo se evidenció que no todo era lo que parecía en el condicionamiento clásico, lo más importante fue la demostración de Zener (1937) de que los estímulos condicionados no sustituían a los estímulos incondicionados, sino que servían más bien como informadores.

Entonces, en 1938, Skinner publicó uno de los libros más importantes para la psicología: “La conducta de los organismos: Un análisis experimental.” En este libro proponía algo simple, la conducta de todos los organismos está controlada por sus consecuencias. Además, realizaba un análisis de la conducta de tipo darwinista, pues proponía que todos los seres vivos emiten, espontáneamente, conductas, las que tienen resultados beneficiosos para el organismo permanecen, las que tienen resultados perniciosos se extinguen. Hoy sabemos que no todas las conductas están controladas por sus resultados, pues existen muchas conductas innatas, como el apego; sin embargo, muchas otras sí lo están, y se mantienen o extinguen según el refuerzo que reciban. Pensad un momento que mantenéis una conversación cara a cara con alguien a quien conocéis. Mientras habláis, quien no tiene el turno de palabra emite constantemente reforzadores que hacen que quien habla lo siga haciendo. Estos reforzadores son cosas como “ujum”; “sí”, “no”, asentimientos de cabeza, etc. Y esto se aprecia mucho más cuando alguien habla por teléfono, pues la otra persona necesita saber que está siendo escuchada. Sin estos reforzadores la conversación se extinguiría. Y hay muchas más conductas que se explican a través del “condicionamiento instrumental u operante“.

Por eso, el experimento del que os voy a hablar puede explicar el surgimiento de una conducta humana tan compleja como la superstición.

En un aparato como el que veis en la imagen, Skinner constató la conducta supersticiosa. En sus experimentos, palomas o ratas debían picar o accionar una palanca para recibir comida. En ocasiones, debían hacerlo muchas veces, en otras debían esperar cierto tiempo antes de que la comida (el refuerzo) estuviese de nuevo disponible. Sin embargo, a Skinner se le ocurrió una idea, qué pasaría si le diésemos comida a la paloma sin que ésta tuviese que hacer nada. Es decir, a intervalos cortos, caía una bola de comida en el comedero sin que la paloma hubiese picado en el interruptor. Más tarde observó qué hacían estas palomas cuando calculaban que llegaba su hora de comer, y el resultado fue increíble: una daba vueltas dentro de la Caja en sentido contrario a las agujas del reloj, otra echaba la cabeza hacia atrás por encima del hombro derecho, y las ocho palomas que utilizó hacían cosas igual de extrañas.

La explicación de Skinner fue que las palomas habían relacionado la conducta que emitían en el momento de recibir el reforzador con el reforzador, de tal forma que habían creado una relación causal falsa; es decir, creían que recibían comida por esas extrañas cosas que hacían.

Supongo que ya estáis recordando sucesos de vuestra vida que podrían explicarse de esta forma: tu boli de la suerte con el que siempre apruebas, tocar el marco de la puerta al salir, no pisar las líneas del suelo, no hablar de la muerte, no salir a la calle los martes 13, etc. Y es que, en ocasiones, establecemos relaciones entre sucesos que no están relacionados, creando así un vínculo falso, una creencia supersticiosa. Las creencias supersticiosas nos dan la sensación de control sobre cosas que, realmente, no controlamos. Desde hace ya un tiempo, han surgido una serie de productos comerciales que afirman tener efectos, cuanto menos, curiosos. Es el caso de la famosas pulseritas de energía, que te dan equilibrio. Lo curioso es que mucha gente afirma que es cierto, que desde que lleva tal artilugio duerme mejor, es más flexible, corre más rápido, está más tranquilo, o cualquier cosa por el estilo. Buscan controlar cosas que no controlan. Pero la realidad es que se ha formado un vínculo falso entre el hecho de, por ejemplo, dormir bien una noche, y el hecho de llevar alguna de estas pulseras. Hemos creado una conducta supersticiosa en nuestras vidas.

Esto puede crear un gran problema. En 1975, Martin Seligman propuso el concepto de “indefensión aprendida“. Seligman descubrió que, cuando una rata o un perro descubre que nada de lo que haga le librará de la descarga eléctrica, aprende a sentirse indefenso, se vuelve pasivo e incapaz de realizar cualquier cosa. En los seres humanos la indefensión aprendida puede dar lugar a la depresión.

Sin embargo, este gran experimento de Skinner no explica el porqué de que se establezcan dichas relaciones falsas entre sucesos, pero eso será tema para el tercer post de esta serie.

Porqué los ateos no creen en el infierno (I).


El escepticismo está en horas bajas. Hoy día, la gente quiere creer, busca en qué creer, y ante situaciones extrañas no aplica la razón. La verdad es que es algo que realmente me enfada y la gota que ha colmado el vaso ha sido la noticia de que la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga va a impartir un máster (ni más ni menos) en acupuntura. Y esto no hace más que unirse al cúmulo de vergüenzas que arrastra esta universidad, empezando por los másteres en psicoanálisis que se imparten en la Facultad de Psicología. Parece que ser escéptico es algo malo, a las personas que creen ciegamente en sucesos sobrenaturales se les llama “sensibles”. Ser racional es ser “cuadrado”, como si esta hermosa figura geométrica tuviese alguna tara. Y nuestro sistema universitario apoya ésta situación.

El buscador Google te devuelve 684 000 resultados si introduces la palabra “escéptico”.

El buscador Google te devuelve 14 700 000 resultados si introduces la palabra “horóscopo”. Sobran las explicaciones.

En esta pequeña serie de post voy a hablaros acerca de cómo explica la ciencia sucesos supuestamente paranormales y la creencia en ellos por parte de tantísimas personas.

Y vamos a empezar con el Efecto Barnum, también conocido como Efecto Forer o Falacia de la validación personal. Es la observación de que los individuos darán una aprobación de alta precisión a descripciones de su personalidad que, supuestamente, han sido realizadas específicamente para ellos, pero que en realidad son generales y suficientemente vagas como para ser aplicadas a un amplio espectro de gente.

¿Cómo puede ser esto posible? En 1948, el psicólogo Bertram R. Forer pasó entre sus estudiantes un test de personalidad y, posteriormente, los resultados del mismo. Sin embargo, repartió entre todos ellos la misma descripción de personalidad, un texto que construyó sobre la base de fragmentos de distintos horóscopos. Luego les pidió que puntuasen la descripción que habían recibido, “0” si no se ajustaba nada a ellos, “5” si se ajustaba perfectamente. El promedio fue de 4’26; es decir, el texto era una fiel descripción de la personalidad de la mayoría de ellos. No se basaba en el test, no era un sólo horóscopo y, por supuesto, no todos sus estudiantes eran iguales, sin embargo para la mayoría la descripción era válida, creían que se ajustaba a ellos. De esta manera concluyó que la gente tiende a aceptar descripciones de ellos mismos en proporción al deseo de que dichas descripciones sean verdad.

Años más tarde, en 1985, Dickson y Kelly encontraron algunas variables que afectan a la puntuación que los sujetos dan a este tipo de descripciones de la personalidad:

  • El sujeto puntúa más alto si cree que el análisis se aplica sólo a él.
  • El sujeto puntúa más alto si cree en la autoridad del evaluador.
  • El sujeto puntúa más alto si el análisis enumera mayormente atributos positivos.

De esta manera se explican sucesos tales como el horóscopo, las profecías, el tarot, y un largo etcétera. Cuando esto se realiza en vivo y no en medios escritos se produce otro curioso fenómeno llamado Lectura en Frío. En este vídeo Richard Dawkins os explica perfectamente lo que es la Lectura en Frío http://www.youtube.com/watch?v=WhgLZhLCzeE&feature=related

Como llevo cierto tiempo preparando este post, he hablado con algunas personas y, es una observación mía y no he realizado un estudio, parece ser que hay una tendencia a buscar episodios de la propia vida que encajen con la descripción, a la vez que una auténtica imposibilidad de encontrar aquellos que contradicen la descripción que se nos ha facilitado. Es como si nuestros recuerdos se bloqueasen y sólo pudiésemos acceder a los que concuerdan con lo que oímos o leemos.

Para finalizar os dejo el texto que Forer pasó a sus estudiantes:

Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y te admiren, y sin embargo eres crítico contigo mismo. Aunque tienes algunas debilidades en tu personalidad generalmente eres capaz de compensarlas. Tienes una considerable capacidad sin usar que nos has aprovechado. Disciplinado y controlado hacia fuera, tiendes a ser preocupado e inseguro por dentro. A veces tienes serias dudas sobre si has obrado bien o tomado las decisiones correctas. Prefieres una cierta cantidad de cambios y variedad y te sientes defraudado cuando te ves rodeado de restricciones y limitaciones. También estás orgulloso de ser un pensador independiente y no aceptar las afirmaciones de los otros sin  pruebas suficientes. Encuentras poco sabio ser muy franco en revelarte a los otros. A veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado. Algunas de tus aspiraciones tienden a ser bastante irreales.

Os dejo que analicéis vosotros mismos el texto, para mí las frases más interesante son:

“Tienes la necesidad de que otras personas te quieran y te admiren; aunque tienes debilidades en tu personalidad generalmente eres capaz de compensarlas; y mi favorita, a veces eres extrovertido, afable y sociable, mientras que otras veces eres introvertido, precavido y reservado”.