El Test de Rorschach… porque la Psicología también tiene sus leyendas.


Por fin estoy de vuelta. Hoy es la reapertura del blog, con una nueva estética y una página de facebook.  No puedo prometeros mayor regularidad, ni tampoco que esta bitácora continúe para siempre, pero sí que puedo prometeros que lo intentaré.

Como podéis observar en la nueva cabecera, a la derecha, aparece una miniatura de la imagen que ilustra esta entrada, es la lámina número 7 del Test de Rorschach.

Este test proyectivo fue desarrollado por Hermann Rorschach (1884-1922), un médico suizo de orientación psicoanalista. La proyección es un concepto del psicoanálisis que se refiere a un “mecanismo de defensa que le atribuye a otros ideas, pensamientos y la intención de causar daño a la propia persona porque no es capaz de reconocer que estos son propios, dado que son moralmente inaceptables”. Podríamos entender que este test permite conocer los pensamientos “desviados” de los pacientes, y de esta forma su patología.

Obviamente, este test, al igual que el concepto de proyección y el psicoanálisis, no tiene ningún fundamento científico, lo que no impide que exista una Sociedad Internacional del Test de Rorschach y su rama española.

El Test de Rorschach se compone de 10 láminas con manchas de tinta, negra y de colores, sin forma definida y de difícil significado. Tienen un aspecto que, al menos para mí, evoca un aura de terror, de manicomios y terribles experimentos.  Por supuesto, sé que no es más que el fruto de películas de terror de serie B, la realidad es que desde la época Clásica existe la preocupación por los “locos” y la necesidad tratarlos de forma caritativa.

Todo quedaría aquí si no existiesen las susodichas asociaciones y “profesionales” que utilizan estas “técnicas”, alguno incluso creyendo que son beneficiosas para sus pacientes. Una nueva muestra de la falta de preparación científica y la credulidad de algunos, y lo que es peor, la maldad e irresponsabilidad de otros.

Sin más, os dejo las 10 láminas del test, y la dirección de un blog donde podéis ver cuales “deberían” ser las respuestas.

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Aprendiendo


Después de casi un mes de ausencia os traigo una pequeña historia, pero primero os doy las gracias por vuestra paciencia y os aviso de que los post van a salir con  cuentagotas, lo lamento de veras,  no puedo hacer más. Pero basta de autocompasión y vamos a la ciencia que es lo que importa.

Este señor de la fotografía es John Broadus Watson (1878-1958), se le considera el padre del conductismo, una corriente de pensamiento en psicología que defendía que la única psicología válida era la que se basaba en la observación de la conducta. Realmente, cuando Watson expone por primera vez su concepción de la psicología, no causa mucho efecto por la simple razón de que, en su época, casi todos los psicólogos habían estado acercándose poco a poco a esta forma de entender la psicología, desencantados por la falta de resultados del mentalismo.

Para que nos entendamos, el “método científico” utilizado antes del conductismo en psicología era la introspección. Vamos, más o menos, meditación rollo oriental.

Sin duda, el conductismo presentaba graves deficiencias en el estudio psicológico, y finalmente fue sustituido, o más bien ampliado, por la psicología cognitiva. De todos modos, hay dos ideas importantísimas que le debemos al conductismo: 1) la psicología debe ser una disciplina científica, basada en el método científico, en la investigación, en la verificación de datos. 2) Y más importante aun, la conducta de las personas, los animales, y en general, todos los organismos, no está determinada ni por los “instintos” ni por los genes, sino por lo que aprenden y viven.

Aunque, posteriormente, esta postura se ha ido matizando, esencialmente es correcta. Todo lo que somos y hacemos es suceptible de cambiar. Y esto es genial porque implica que no somos seres preprogramados. No hay que vivir con miedo, ni siendo torpe, ni triste, ni cansado, etc, etc, etc. Considerar que la psicología de las personas es fruto del aprendizaje es una forma de traer esperanza. De hecho, Watson fue uno de los científicos de su época que luchó contra las prácticas eugenésicas que se habían puesto de moda en los países occidentales por aquella época, y que tuvo su mayor auge en los campos de exterminio nazis.

Todo esto es solo para dejaros este vídeo en el que podemos ver fragmentos de la investigación de Watson y Rayner (1920) en la que demostraron que los miedos se aprenden. Muestran a Albert, el sujeto experimental, y sus reacciones ante los distintos estímulos a los que había aprendido a tener miedo. Para una explicación más detallada os recomiendo este post de mi amigo Cendrero en El Busto de Palas.

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AMPLIACIÓN

Este otro vídeo es incluso mejor que el primero y, además, os ayudará a repasar vuestro inglés, xD:

Día Mundial del Escepticismo: Pensamiento Crítico y relativismo


Tal día como hoy, hace catorce años murió el gran científico y divulgador Carl Edward Sagan tras pasar sus últimos años luchado contra la leucemia. Una auténtica inspiración para todos los que hemos decidido divulgar la ciencia. Su trabajo buscaba mostrar al mundo qué es la ciencia, qué es el pensamiento científico, porqué se debe cuidar y cultivar y cuales deben ser sus pasos en el futuro. Igualmente se dedicó a desenmascarar la pseudociencia, el misticismo y la mentira, pero siempre de forma respetuosa, nunca imponiendo, sino enseñando. El libro El mundo y sus demonios es una obra imprescindible de divulgación y pensamiento crítico.

Es mucho lo que le debemos a este hombre y a su infatigable trabajo, motivo por el cual se celebra, el 20 de diciembre, el Día Mundial del Escepticismo.

Hoy vamos a tratar un tema que se sale de la Psicología, y forma más bien parte de la Epistemología. Para ser un poco más concretos, vamos a intentar desmontar la típica frase “todo es relativo”, y ejercer un poco de pensamiento crítico sobre este tema. Sobre el relativismo existen dos posturas extremas que podríamos considerar parte de un continuo, en un extremo tenemos los que afirman que “el relativismo es demoníaco” (palabras textuales) y en el otro quienes creen que “TODO es relativo y no se puede conocer nada” (también es textual). Veamos qué podemos entender por relativo.

Primero (no podía ser de otra forma en una bitácora dedicada a la divulgación) tenemos la Relatividad en Física, es decir, a Einstein. De forma abreviada, Einstein afirmaba que, en el universo, todo es relativo a la velocidad de la luz (299.792.458 metros por segundo). No se trataría de un relativismo absoluto, sino de un “relativismo relativo” (valga la rebuznancia). Para que nos hagamos una idea de lo que esto implica pensemos en este ejemplo:

<<Cuando vamos montados en un coche y otro coche nos adelante por la izquierda, la velocidad a la que lo vemos pasar es relativa a la nuestra. Si vamos a 80 k/h y el coche que nos adelanta va a 100 k/h, lo veremos pasar a una velocidad de 20 k/h. Ahora bien, si pudiésemos ir a casi la velocidad de la luz, digamos al 99% de la velocidad de la luz, y un rayo de luz nos adelantase (también por la izquierda, no olvidemos las normas de tráfico) nuestra percepción de este rayo no sería que se mueve a un 1% más rápido que nosotros, sino que lo veríamos pasar a la totalidad de la velocidad de la luz, comos si nosotros estuviésemos quietos, porque la velocidad de ese rayo de luz no es relativa a nada>>. Dejemos que nos lo explique Carl Sagan:

El segundo tipo de relativismo que podemos encontrar es el relativismo moral. Aquí es donde podemos encontrar ese “continuo absolutismo-relativismo” del que os hablaba antes. Y, como todas nuestras tradiciones filosóficas, encontramos su origen en la Grecia Clásica. En la zona de “los absolutos” encontramos a los dos filósofos que más han influido en Occidente a través del Cristianismo: Platón y Aristóteles.

Platón consideraba que existía otro mundo, no material, formado por las Ideas de Bien, Belleza, Justicia,  Amor, etc, y que nuestro mundo material es un reflejo imperfecto de este. Esta filosofía y la religión que surge de ella, el neoplatonismo, pasan al Cristianismo a través de San Agustín, el primer filósofo medieval.

Por otro lado tenemos a Aristóteles, que aun siendo más naturalista, consideraba que el mundo estaba ordenado jerárquicamente. Esta idea pasa al Cristianismo a través de Santo Tomás de Aquino, siglos más tarde.

Pero, en la misma época de estos filósofos encontramos otro grupo de filósofos griegos que son mucho más influyentes hoy día y con ideas en el otro extremo del continuo: los Sofistas. Eran más bien maestros de estudios superiores y no filósofos, pero de su práctica se derivan varias premisas que podrían resumirse en las palabras de Protágoras: <<El hombre es la medida de todas las cosas, las que son en tanto que son, y las que no son en tanto que no son>>. Grosso modo podríamos decir que esto tiene tres significados: 1º) no importa cómo sea el mundo sino cómo lo vives tú; 2º) tu cultura no es ni mejor ni peor que las demás, tu sistema de creencias no es “el normal o natural”, tan solo es fruto de lo que habéis pactado en vuestro pequeño mundo; 3º) por último, también significa la imposibilidad de conocer a los dioses, por lo que el Bien y el Mal son convenciones sociales, pactadas culturalmente, no fruto de la voluntad divina.

El último tipo de pensamiento relativista que podemos encontrar es el Pensamiento Crítico propio de la Ciencia en general, muy utilizado por aquellos que defienden que el conocimiento no es posible. El relativismo en ciencia hace referencia a que nunca podremos estar seguros 100% de ninguna afirmación que hagamos, dado que nunca podremos tener reunidos todos los datos del universo para saber si alguno no cuadra. Por lo tanto, siempre tendremos aproximaciones, relativa seguridad, probabilidades. Sin embargo, el filósofo de la ciencia Karl Popper, propuso una manera de darnos seguridad en el conocimiento científico, una fórmula para distinguir lo que es o puede llegar a ser conocimiento de lo que no es ni será nunca ciencia. A su sistema se le denominó racionalismo crítico. La fórmula propuesta por Popper es la falsación: una teoría o hipótesis es científica solo si tiene posibilidad de ser refutada.

De este modo, si al intentar refutar una hipótesis resulta que mis datos la confirman podemos aceptarla hasta cierto punto, si la desconfirman se rechaza. Si una hipótesis o teoría no puede ser falseada no es científica y debe desecharse. De esta forma, la ciencia avanzaría por ensayo-error. De nuevo, el relativismo en ciencia no es absoluto, sino que, a través del pensamiento crítico podemos adquirir conocimientos en los que podemos confiar. Este pensamiento se ha ido desarrollando después de Popper y hoy tenemos una buena metodología crítica, que puede aplicar todo el mundo, no solo los científicos para entender el mundo. Estos vídeos de la Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia nos dan diez pasos propios del pensamiento crítico para entender cómo funciona la ciencia y distinguir qué es ciencia y qué no es ciencia:

A modo de conclusión, cabría decir que el pensamiento crítico es una forma de ver el mundo, es un trabajo constante de análisis y búsqueda de información desde la humildad, aceptando que podemos estar equivocados en nuestras creencias. Y, en resumidas cuentas, esto significa ser escéptico, no aceptar ideas o creencias por la autoridad de quien las dice, ni tan siquiera las que vierte este blog, es un relativismo intelectual pero que no cae en ninguno de los extremos de nuestro continuo creencias relativas/creencias absolutas, sino que se posiciona en el punto justo que permite aceptar verdades y mantener la capacidad de cambiarlas de ser necesario. Ser escéptico es aplicar el pensamiento crítico, la forma de pensar de la ciencia.

P.D: El pensamiento crítico y el escepticismo nos puede hacer pasar ratos muy divertidos, si no lo creéis apuesto a que no hay nadie que no se ría con Tim Minchin.

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Fuentes:

Historia de la psicología, Thomas Hardy Leahey, 6º edición (2005).

Wikipedia.

Fundación Richard Dawkins para la Razón y la Ciencia (FRD).

 

¿Qué es la homeopatía?


En el Manifiesto por una Universidad libre de pseudociencia y oscurantismo os prometí hablar sobre qué es la homeopatía. Y, después del éxito de convocatoria de esta recogida de firmas se hace necesario una explicación.

Podría contaros que la homeopatía no es una “medicina milenaria china“, sino que surge en Europa en el siglo XVIII. También podría explicaros que el concepto base de la homeopatía, –lo similar cura lo similar-, se ha demostrado completamente falso; además de que, según las leyes químicas que conocemos, las diluciones que utiliza la homeopatía hace que, en la bolita que nos tomamos, no quede ni rastro del supuesto “principio activo“. Y también podría enredarme en mostrar que, el que las farmacéuticas sean multinacionales interesadas en el dinero, no implica de ninguna de las formas posibles que la homeopatía funcione.

Podría hacer todo esto, pero no lo voy a hacer porque ya lo ha hecho un grande de la blogosfera: Ferfrias, que junto al equipo de Amazings.es han creado la web: queeslahomeopatia.com

Con un diseño muy sencillo y funcional, queeslahomeopatia.com os ofrece todas las respuestas que podáis necesitar para enfrentaros a esta pseudociencia que cada vez cuenta con más adeptos y gracias a la cual muchos se están forrando. Así que ya sabéis, no os dejéis engañar ni estafar.

Hay que tener la mente abierta, pero no tanto como para que se te caiga el cerebroRichard Feynman (Premio Nobel de Física, 1965.

 

MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO


Nuestros amigos de La Ciencia y sus Demonios, a petición popular, han comenzado una recogida de firmas para protestar contra la última vergüenza de las universidades españolas: La Universidad de Zaragoza ha creado un Cátedra en Homeopatía. Como dijo un buen amigo en Genciencia: –Las universidades venden su prestigio al mejor postor– (H3CNO2). En Tú También Puedes no hemos entrado ha hablar aun sobre la homeopatía, pero en breve hablaremos sobre esta pseudociencia, sus mentiras y porqué la llamamos pseudociencia en vez de misticismo.

Sin más, os copio el post y el manifiesto escrito por J.M. Hernández en La Ciencia y sus Demonios.

Desde la Ciencia y sus Demonios venimos denunciando regularmente la cada vez más habitual celebración de actos, e incluso actividades con carácter académico, sobre temáticas pseudocientíficas y oscurantistas por parte de varias universidades españolas y latinoamericanas. La reciente creación de una Cátedra sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza nos ha terminado de convencer para redactar el manifiesto que os presentamos aquí. La intención es que, si recogemos un número importante de adhesiones, podamos presentarlo ante los estamentos correspondientes para reflejar nuestra preocupación sobre este tema.

Si una vez leído, deseas firmar el manifiesto, pulsa en el enlace situado al final del texto. También agradeceríamos que, si lo consideras conveniente, lo difundieras entre tus contactos.

MANIFIESTO POR UNA UNIVERSIDAD LIBRE DE PSEUDOCIENCIA Y OSCURANTISMO

Ante la cada vez más abundante proliferación de conferencias, cursos, seminarios y todo tipo de actividades que diferentes corrientes pseudocientíficas están desarrollando dentro del marco de las universidades españolas y latinoamericanas, tendencia que cristaliza en la reciente creación de una Cátedra de Investigación sobre Homeopatía en la Universidad de Zaragoza, los abajo firmantes (científicos, profesores, alumnos y ciudadanos en general) nos vemos en la necesidad de manifestar lo siguiente:

La colaboración entre la Universidad y la Empresa, así como con otros organismos y agentes sociales es enriquecedora, productiva y debe ser considerada como una de las prioridades de la política universitaria. Los acuerdos y contratos para la transferencia de resultados de la investigación a la empresa privada pueden representar una importante fuente de financiación para las universidades públicas; los cuales, desarrollados convenientemente, permiten una mayor productividad científica y la optimización de las aplicaciones de tal actividad. Sin embargo, creemos que no es justificable que la Universidad busque vías de financiación a cualquier precio, y aún menos si con ello pervierte su filosofía y fines fundamentales.

La Universidad Pública, como cualquier otro organismo de la administración, debe estar al servicio del ciudadano, manteniendo un contacto permanente con la sociedad de la que forma parte, mediante una comunicación constante que permita la sintonía entre el mundo universitario y las necesidades sociales. Para cumplir estos objetivos, la Universidad debe ser un adalid en lo referente a innovación y a exploración de nuevos caminos para el conocimiento. La Universidad nunca debe ser una estatua, sino una animación en constante movimiento.

No es posible entender la función investigadora y el compromiso social de la Universidad sin la imbricación con su papel fundamental en la formación de ciudadanos libres, capaces de enfrentarse al mundo mediante una mentalidad crítica que les permita escapar de las cadenas de la irracionalidad, la superstición y la ignorancia. Esta función docente, completamente consustancial a la institución universitaria, va más allá de las aulas, al representar la Universidad un referente en cuanto a conocimiento y racionalidad para toda la sociedad.

En este sentido, la Universidad juega un papel muy importante ante el avance que en la sociedad contemporánea están teniendo determinadas corrientes anticientíficas y antirracionales, que pueden suponer un significativo retroceso hacia el oscurantismo y la superstición, algo que se encuentra en el polo opuesto de los objetivos universitarios. Nos preocupa, como universitarios y como ciudadanos, que bien entrado el siglo XXI cada vez prolifere un mayor número de terapias más próximas a la magia que a la medicina, en muchas ocasiones amparadas por instituciones y empresas médicas profesionales; nos preocupa que presidentes de gobierno consulten astrólogos; que pulseras mágicas declaradas oficialmente fraudulentas sean portadas por ministros de sanidad y constituyan el regalo más vendido de las últimas navidades; que cada vez haya más ciudadanos que crean firmemente que las vacunas son tóxicas y nefastas para la salud; que aumente el número de enfermos que abandonan el tratamiento médico para abrazar alternativas esotéricas; nos preocupa muy seriamente que gran parte de la población vuelva a confiar más en los curanderos que en la medicina científica.

Nos preocupa que la Universidad pueda convertirse en un mercadillo que de cabida a cualquier alternativa irracional al conocimiento científico. Sólo una mal entendida apertura de mentalidad puede justificar que se enseñe alquimia en las Facultades de Química, ufología en las de Física o el diluvio universal en las de Historia. Ofrecer el foro universitario a las pseudociencias, en igualdad de condiciones con el conocimiento racional, no se traduce en ningún enriquecimiento cultural, sino en una validación universitaria de la superstición y la charlatanería. Difícilmente podremos educar a nuestros hijos sobre la inexistencia de bases empíricas en la predicción astrológica si van a encontrar en el campus universitario cursos de postgrado en astrología.

Reza una de las máximas en ciencia que la razón no debe aceptar algo como cierto sólo porque lo afirme mucha gente o porque lo suscriban personajes importantes, y que siempre es necesario detenerse ante cualquier afirmación y dudar sobre si es o no cierta. Esto obliga a actuar mucho más despacio, a sopesar cuidadosamente las opciones, a avanzar con cautela ante cualquier tipo de propuesta. Y esta es una de las cosas que creemos firmemente que debe enseñarse en las universidades.

Por todo ello, nos preocupa que la Universidad de cabida a cursos sobre acupuntura, a conferencias sobre creacionismo, a seminarios sobre astrología y a cátedras sobre homeopatía. Nos preocupa especialmente si no se enfocan como un debate crítico y un análisis racional, sino con un presupuesto de funcionalidad y validación científica de los que no sólo carecen, sino que están en frontal oposición al espíritu crítico universitario.

En el caso concreto de la homeopatía, aunque de igual aplicación para el resto de pseudociencias, no se ha demostrado científicamente ni su fundamento teórico (que contradice nuestros conocimientos sobre química y medicina más elementales), ni su efectividad más allá de un placebo. Décadas atrás, se destinaron importantes estudios a buscar una posible base en los postulados homeopáticos, los cuales no han variado significativamente en doscientos años, base que jamás se encontró.

Nos resulta extremadamente paradójico que mientras gobiernos europeos retiran fondos y apoyos estatales a la práctica homeopática, en España se instauren cátedras dentro de las universidades públicas. El aval que esto supone, sitúa a la homeopatía, a la astrología o al espiritismo dentro de la categoría de disciplinas universitarias; máxime cuando no nos encontramos exclusivamente ante una actividad de investigación sobre un fenómeno dudoso, sino ante una institucionalización dirigida a la formación y divulgación de estos postulados.

Consideramos por último, que si bien está justificado profundizar y destinar fondos a cualquier aspecto que pueda ser investigado, la especial situación económica actual convierte la inversión de esfuerzo y medios en este tipo de disciplinas totalmente desacreditadas en un acto de puro despilfarro de recursos, que podrían emplearse en líneas de investigación y docencia muchísimo más prioritarias.

Las personas que desde distintos estamentos y colectivos de la sociedad suscribimos este manifiesto, deseamos llamar la atención sobre este importante aspecto al conjunto de la población y, especialmente, a las autoridades académicas y gubernativas, confiando en que la razón acabe imponiéndose sobre la superstición y el oscurantismo.

FIRMA EL MANIFIESTO

Porqué los ateos no creen en el infierno (IV)


Tal y como os prometí, hoy llega el último post de esta serie. Hoy quiero hablaros de uno de los conceptos centrales de las religiones: el castigo eterno.

Todas las religiones prometen algún tipo de paraíso y de castigo después de la muerte para aquellos que cumplen o desobedecen sus directrices. El infierno cristiano es un “lago de fuego y azufre”, es el lugar donde habitan los demonios y los malvados y donde sufrirán por toda la eternidad. Para los testigos de Jehová, el infierno es el fin de la existencia, de tal manera que los bondadosos vivirán eternamente y los malvados desaparecerán. En el islam, el infierno también es un lugar de fuego, como una ciudad toda de fuego, con edificios de fuego, camas de fuego, calles de fuego, etc. En el hinduísmo existen 21 infiernos distintos, y el infierno budista es el reino de los Nerakas. En la antigua Grecia existían distintos destinos para los muertos, tanto benignos como tortuosos. En la mitología nórdica, a los que no se les concedía entrar al Vahalla, eran entregados a Hel, en cuyo reino los lobos destrozaban los cadáveres de los asesinos, los perjuros y los que seducían a la mujer de otro.

Como dato gracioso, en el año 2001 se les concedió el premio Ig Nobel de Astrofísica a Jack y Rexella Van Impe por su gran estudio en el que “demostraban” que los agujeros negros cumplen todos los requisitos para ser la localización del infierno.

Bromas a parte, el concepto de infierno puede ser realmente perjudicial para la salud mental de los creyentes: ¡TEN MIEDO! ¡SI NO ACTÚAS COMO TE DIGO IRÁS AL INFIERNO! Como habréis podido comprobar, en mi blog no se han tratado temas éticos, sin embargo no puedo dejar de decir que es completamente perverso e inmoral hacer que alguien piense esto. Es un abuso, como los abusos violentos a los niños en los colegios o los abusos sexuales, ya que todos estos casos tienen en común el hacer que quien lo sufre viva con miedo. Las religiones, al enseñar sobre el infierno, están llevando a cabo un tipo de maltrato sobre sus fieles.

Ahora es el momento en que me podéis preguntar: Pablo ¿por qué no crees en el infierno, y en consecuencia, tampoco en el cielo? Todas las religiones del mundo han hablado acerca de lugares de premio o sufrimiento; ¿no tienes miedo? Y mi respuesta es que yo sé algo que los que idearon las religiones no sabían, y yo sé algo que los fieles no saben: Yo sé qué es el fuego.

Para terminar me gustaría que también vieseis este video en el que Richard Dawkins habla sobre las religiones.

Porqué los ateos no creen en el infierno (III)


Orden, esto es lo que explica porqué llegamos a realizar inferencias causales de la realidad erróneas. Buscamos el orden, la organización, cómo se estructura el suceso que estamos presenciando.

Esta es la conclusión del psicólogo Bruce Hood, de la Universidad de Bristol. En este enlace podéis ver la entrevista que le hizo Eduard Punset, titulada “Programados para creer“.

Nuestro cerebro, como mecanismo de supervivencia, se ha especializado en buscar las relaciones existentes entre sucesos. Por ejemplo: “Está nublado, va a llover“. De esta manera hemos establecido que el suceso A (está nublado) es la causa de un suceso B posterior (llover). Este tipo de relaciones son útiles para vivir.

Sin embargo, también somos capaces de establecer relaciones más complejas, de consecuencias menos evidentes. Como dice Bruce Hood, nuestra vida está llena de sucesos que no podemos explicar claramente, pero aun así nuestro cerebro, emperrado en encontrar la manera en la que funciona el mundo, intenta encontrar una solución al problema, por disparatada que sea.

¿Cómo sabemos que nuestro cerebro busca relacionar los hechos que vivimos día a día? Fijaos bien en la imagen de la derecha, se conoce como Triángulo de Kanizsa. En esa imagen no hay ningún triángulo, pero todos podemos ver dos triángulos distintos, uno hacia arriba; otro invertido,sin bordes, pero más brillante. La realidad es que no hay ningún triángulo, y que el fondo de la imágen no es más brillante en el supuesto triángulo invertido, aunque así nos lo parece.

Al mirar esta imagen, se activa en vuestro cerebro (y en el mio) una serie de procesos que terminan diciéndole a la corteza visual (en el lóbulo occipital) que se comporte como si realmente hubiese un triángulo en medio de ese conjunto de figuras, porque es la mejor solución posible. Un triángulo blanco invertido explica porqué están organizadas así estas figuras. Si esto os hace pensar que el mundo no es como lo veis (I y II), estáis en lo cierto, y en estos dos post os explico porqué.

Un punto importante, como explica Bruce Hood, es que no sabemos trabajar bien con la aleatoriedad. No somos capaces de realizar, por ejemplo, series de números realmente aleatorios.

De esta manera, al no trabajar bien con la aleatoriedad y por lo tanto buscar siempre patrones, nos encontramos con pensamientos realmente curiosos. Por ejemplo, bolígrafos de la suerte, rituales extraños como atarse lo zapatos de cierta manera o en determinado orden, tocar una pared al salir de casa, o de un examen, o antes de coger el coche. Y podríamos seguir así.

Es importante constatar que no sólo nuestro cerebro funciona así. Como pudimos comprobar en el anterior post de esta serie, las palomas utilizadas por Skinner en su experimento intentaban encontrar cuál era el patrón de conducta que les permitía conseguir comida, cuando la realidad es que no había ningún comportamiento que les permitiera acceder a su alimento.

Otro dato importante que permite explicar el surgimiento de las creencias supersticiosas es que los seres humanos creemos lo que otro ser humano nos dice. Esto es lógico, porque si tuviésemos la necesidad de contrastar, punto por punto, todo lo alguien nos cuenta, simple y llanamente no tendríamos tiempo para vivir, ni para conversar. Existen limitaciones en este supuesto, por ejemplo, no creemos lo que nos diga cualquiera, o no creemos las cosas cuando nos las dicen de cierta manera. Así, siempre vamos a creer más a una persona con la que tenemos lazos emocionales que a un desconocido, o tendemos a creer a alguien que argumenta su explicación antes que alguien que dice “esto es así porque sí”. Esta es la base también de muchos problemas en nuestras relaciones sociales, basta que alguien diga “hay que ver lo que hizo fulanito” para que la conversación nos enganche, y si la persona que lo dice es más cercana a nosotros que la persona mencionada tendemos a creer en sus palabras.

En resumen, somos máquinas incansables de establecer relaciones entre hechos del día a día y creemos lo que las personas cercanas a nosotros nos cuentan. Pero aun queda otro mecanismo evolutivo importante que facilita la creencia en sucesos sobrenaturales: La imaginación.

Mirad esta imagen, el tigre escondido entre el follaje, acechando. ¿Qué pasaría si no tuviésemos imaginación? Pues que no sabríamos que detrás de esa hermosa cabeza de tigre hay un terrorífico cuerpo de tigre. Está claro que aquellos antepasados nuestros que carecían de imaginación murieron pronto; además, la imaginación es un procesos cognitivo imprescindible para la memoria. Cuando “traemos a la memoria” un dato, realmente lo estamos imaginando; es decir, reconstruyendo a partir de patrones sensoriales conocidos. De esta manera unimos una imagen, un olor y un sonido, y  recordamos, por ejemplo, a nuestra madre, pero no estamos reviviendo un hecho, si no recreándolo con la imaginación.

Pero la imaginación tiene una parte negativa, pues nos permite crear conceptos tales como “suerte”, “dios”, “unicornio”, etc. Ideas que no hacen referencia  a nada real, pero que somos capaces de recrear, como mecanismos que explican sucesos.

Un ejemplo que aúne estos datos es el que dan Punset y Hood al inicio de la entrevista: ¿Podemos sentir que alguien nos mira? Sabemos que físicamente es imposible. Pero si nos sentimos incómodos en una situación y descubrimos que alguien nos miraba inmediatamente salta nuestra necesidad de establecer relación, la creencia de que esto es posible porque otros nos han contado que también lo han vivido, y la capacidad de imaginar cómo es posible. Y creamos nuestra creencia irracional de que podemos sentir que alguien nos mira en base a experiencias propias.

A lo largo de esta serie hemos descubierto que tendemos a creer ciertas descripciones de nosotros mismos, que establecemos relaciones entre sucesos de forma constante y sin poder evitarlo, creemos en lo que otros nos dicen e imaginamos cómo puede ser posible lo que nos cuentan.  Sobre la base de estos procesos psicológicos no es difícil darse cuenta de como funcionan, por ejemplo, las religiones a nivel individual, el horóscopo, y todo tipo de creencias supersticiosas. En el último post de esta serie haremos honor a su nombre y os explicaré por qué los ateos no creen en el infierno.