Yo sé cómo eres (y II)


Un tema importante, que la semana pasada dejamos en el tintero, es el cuándo se realizan los procesos atributivos. Vimos que la atribución es un proceso espontáneo, sin embargo, no todas las situaciones favorecen en la misma medida su aparición. Si vemos a un conocido en la cola del autobús no necesitamos plantearnos qué hace ahí, es más que evidente, y aún cuando formemos la expectativa <<está esperando el autobús>> es realmente irrelevante, no aporta un mayor conocimiento de la situación.

Así, descubrimos una característica fundamental de los procesos de atribución y expectativa que tratamos de pasada en la anterior entrada: la atribución aporta la información necesaria para explicar un suceso. Por lo que habrá más procesos atributivos en las situaciones que no entendemos.

La primera de estas situaciones son los acontecimientos inesperados. Cuando los sucesos se desvían de lo que esperamos surge la sensación de falta de control y el proceso atributivo nos permite recuperar la sensación de control.

Otro suceso que genera procesos de atribución y que está muy relacionado con el anterior es cuando no logramos un objetivo concreto que nos habíamos planteado. Necesitamos una explicación a lo ocurrido para reducir la sensación de incertidumbre y, nuevamente, recuperar el control.

Pero las situaciones que favorecen los procesos atributivos no solo se relacionan con la motivación de control, como vimos la semana pasada, la necesidad de mantener la autoestima genera una gran cantidad atribuciones cuando los resultados obtenidos no concuerdan con nuestras expectativas. Estas son las situaciones en las que fallamos o en las que, aún habiendo tenido éxito, lo percibimos como un fracaso. Estas situaciones no tienen por qué ser iguales a las situaciones de objetivo no logrado.

Un objetivo no logrado podría ser no alcanzar las 200 ventas que nos habíamos propuesto, mientras que un fallo o un fracaso percibido podría ser obtener una calificación de notable cuando esperábamos sobresaliente.

Existen otros factores que estimulan el proceso de atribución, pero en general podríamos decir que son los sentimientos. Los sentimientos estimulan la búsqueda de explicaciones, básicamente, en un intento de racionalizar la experiencia de una emoción, sobre todo si la emoción es negativa, dado que esta racionalización de las emociones reduce su intensidad.

Por ejemplo, estar triste nos impulsa a buscar las causas de nuestro estado, y al poder atribuirlo a algo concreto, podemos juzgar ese objeto racionalmente. En este juicio entrarían en acción la motivación básica de mantenimiento de la autoestima que nos haría sentir que “estamos por encima” del problema en cuestión, haciendo que la intensidad de la emoción se reduzca. Este es, en parte, el planteamiento que podemos encontrar en el libro de Daniel Goleman Inteligencia Emocional (1995).

En resumen, tanto atribución como expectativa son procesos adaptativos que responden a las motivaciones básicas de control, mantenimiento de la autoestima, y la creación de una buena imagen ante los demás. También hemos visto que existen situaciones concretas en las que se producen más atribuciones y que, dado la escasa información que solemos tener sobre los hechos de nuestro entorno, se producen sesgos o errores a la hora de encontrar explicaciones causales del mundo que nos rodea, tanto físico como social.

En el post anterior también vimos cómo todo esto puede afectar a nuestra percepción de otras personas, o en otras palabras, a la formación de estereotipos. Por lo que, en relación al proceso de atribución solo me queda señalar porqué os cuento todo esto: El mes pasado os pedí vuestra colaboración en una pequeña encuesta, justamente sobre atribución, que formaba parte de un experimento mayor.

El experimento en cuestión se trataba de una replicación del trabajo de Solomon Asch (1946) titulado Forming impressions of personality (Journal of Abnormal and Social Psychology, 41, 1231-1240)

En este trabajo, Asch pasaba a los participantes una de las dos descripciones que podéis leer en la encuesta que os hice y luego les pedía que dijesen si la persona de la descripción poseía o no una serie de características que él les presentaba en una lista. Los datos de Asch hacían concluir que, la persona calificada como “afectuosa” en la primera descripción era mejor considerada en todos los aspectos.

Sin embargo, en mi replicación, la persona calificada como “fría” en la primera descripción ganaba por goleada a la persona “afectuosa”. Se la consideraba exitosa, guapa, más digna de confianza, más importante, y, en general, una persona de <<mayor estatus social>>. Además, una gran parte de los encuestados aseguraban que se trataba de una mujer.

Puede haber muchas explicaciones para esta divergencia entre el trabajo de Asch y el mío, desde una mala realización por mi parte (no hay que descartarlo), diferencias culturales o generacionales, hasta la consideración de que la sociedad y sus prejuicios han cambiado. Por supuesto, por simple amor propio, prefiero creer que mi trabajo esta bien hecho, =)

En mis resultados, la persona A (con la descripción afectuosa) recibía una descripción como de persona sociable y, como confirmación, el 86% le atribuía el rasgo Sociable. Pero, curiosamente, el 80% también se lo atribuía a la persona B (con la descripción fría). Esto me llevó a pensar que a la persona B también se le atribuían los conceptos de la persona A, pero tal vez,  para contextos distintos.

Esta idea surge de la consideración que hacían los encuestados de la persona B como una persona de éxito, y una persona exitosa debe tener éxito también en sus relaciones sociales.

A continuación os dejo una tabla con los números totales de respuesta favorable en cada categoría para cada persona. Si deseáis conocer los porcentajes tan solo tenéis que tomar este número, dividirlo entre 15 y multiplicarlo por 100.

Gráfica comparativa Persona A / Persona B

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Fuentes:

Imágenes encontradas con Wylio.com, buscador de imágenes bajo licencia CC.

Introducción a la Psicología Social, E. Gaviria, I. Cuadrado, M. López (coord.) (2009)

Cuaderno de Investigación en Psicología Social, M. López, E. Gaviria, A. Bustillos, S. Fernández (2010)

Los datos de las encuestas y el trabajo son de este mismo blog: Tú También Puedes.

2 pensamientos en “Yo sé cómo eres (y II)

  1. “Cuando no logramos un objetivo concreto que nos habíamos planteado. Necesitamos una explicación a lo ocurrido para reducir la sensación de incertidumbre y, nuevamente, recuperar el control”. Yo por eso siempre tengo un plan “b”, “c”, “d” y hasta “e” ¡Ja ja ja!

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