Yo sé cómo eres (I)


Ya estoy recuperado (casi) y quiero agradeceros vuestros mensajes de ánimo en esta bitácora y en las redes sociales, habéis hecho más llevadera una semana encerrado en casa.

Ahora quiero que miréis la imagen de cabecera y, de forma sincera, expreséis lo que esta imagen os evoca sobre esta persona. Tomaos unos minutos antes de continuar leyendo……………………………… Podríamos pensar que esta mujer está triste y cansada, que es pobre porque no lleva zapatos y tiene heridas en sus brazos. Tal vez viene de trabajar durante horas para alimentar a su familia porque su marido murió joven, la vida no la ha tratado bien. Pero también es posible que solo sea una modelo posando para la foto, que el artista haya querido reflejar sufrimiento, le haya pintado los pies y el pelo, etc. La realidad es que no lo sabemos, pero, al ver la fotografía, creemos saberlo. Y encima, lo más probable es que nuestra primera percepción estuviese cercana a la realidad.

En Psicología, este proceso tiene dos variantes: la expectativa y la atribución. Es el proceso de explicar las conducta o actitudes de los demás con muy poca información. Cuando hablamos de expectativa se refiere a este proceso pero “hacia delante”, es decir, a predecir la conducta futura; cuando hablamos de atribución es un proceso “hacia detrás”, explicando el porqué alguien ha hecho algo. Por lo tanto, este área de la cognición social estudia qué, cómo y cuándo pensamos de/sobre los demás y sobre nosotros mismos. De ahora en adelante hablaremos solo de la atribución por simplificar un poco las cosas.

La atribución es la explicación que elaboramos sobre las causas de algo, por ejemplo: vemos una gacela muerta y un león sobre ella comiéndosela y… bueno, creemos que la explicación es simple. La atribución causal nos da control sobre el mundo, nos da una explicación, un porqué. De esta forma, el proceso atributivo es adaptativo.

¿Pero que pasa con lo que la gente hace? Las explicaciones que generamos sobre las causas de la conducta de los demás, con muy pocos datos, nos ayudan a dar sentido, manejar y predecir el mundo social tan complejo que nos rodea. Miramos a esta señorita de la izquierda y concluimos que está sorprendida y/o asustada (gracias a las expresiones faciales universales) y podemos pensar en los motivos que tiene para ello. Tal vez el fotógrafo la asustó ¿? xD

La atribución es un proceso espontáneo. Sabemos que, si se pide a unos observadores que realicen atribuciones sobre informes escritos, estas son torpes y de mala calidad. Sin embargo, si se les pide cualquier otra cosa, realizan atribuciones de forma espontánea de mucha más calidad y precisión. Pero, además, ni tan siquiera son conscientes de haber hecho una inferencia causal.

Hay tres motivos fundamentales por los que se realiza la atribución:

  • Control –> ejercer control sobre nuestro mundo físico y social es fundamental, la percepción de control tiene consecuencias positivas para el individuo, mientras que la sensación de incontrolabilidad es una de las características de la indefensión aprendida. Realizar una atribución, es decir, encontrar una explicación, ya sea correcta o falsa, facilita la predicción de eventos futuros y la sensación de control.
  • Autoestima –> está comprendida en el motivo universal de potenciación personal. Cuando se comparan atribuciones de éxito y fracaso se observa que las personas, a fin de proteger su autoestima, tienden a explicar sus éxitos sobre la base de factores internos y estables <<aprobé porque soy muy inteligente y aplicado>>, mientras que los fracasos se atribuyen a elementos externos e inestables <<suspendí porque se me cruzó un peatón>>.
  • Autopresentación –> finalmente, pero uno de los más importantes motivos para realizar atribuciones sobre nosotros mismos y los demás, es manipular la información que reciben los otros, con el objetivo de controlar la percepción que se de forjan sobre nuestra persona.

Sin embargo, como podréis imaginar, realizar atribuciones con tan poca información (dado que nadie realiza una investigación sobre las posibles causas de la conducta de una persona determinada antes de realizar la inferencia causal) facilita que se produzcan errores y sesgos atributivos:

  • El sesgo de correspondencia se refiere a –la tendencia a atribuir la conducta exclusivamente a disposiciones del actor e ignorar el poder de los determinantes situacionales, sobreestimando el grado de consistencia de la conducta– (Nisbett y Ross, 1980).  Se han encontrado diferencias culturales en este sesgo que afecta más a las culturas individualistas que a las colectivistas, aunque en estas últimas también se presenta.
  • El sesgo de falso consenso describe la tendencia de las personas a considerar que su forma de actuar es la general para una situación determinada y que los demás reaccionarían igual que ellos. Fosterling (2001), entre otros, explicó este efecto mediante el contacto selectivo de las personas, es decir, cada uno tienden a relacionarse con personas que se les parecen hasta cierto punto, por lo que se juzga el comportamiento de toda la población sobre la base de esa pequeña muestra.

Existen otros sesgos que también han sido estudiados, como la atribución defensiva, las atribuciones favorecedoras del yo, o el efecto actor/observador, sin embargo las dos descritas son un buen ejemplo de lo que puede ocurrir.

Podríamos analizar diferentes consecuencias que tiene el proceso de atribución, pero vamos a tratar las consecuencias en relación a la creación y mantenimiento de estereotipos.

No es difícil, a la vista de lo expuesto, entender esta relación entre atribución y estereotipos, aunque los estereotipos sean mucho más complejos y estén influidos por más factores. En este sentido, creamos estereotipos para simplificar la realidad social, para sentir que entendemos y por lo tanto controlamos nuestro entorno. Es una forma de ahorrar recursos cognitivos y predecir actos futuros de ciertas personas, etnias, grupos sociales de tipo político, futbolístico, religioso, económico, etc.

Sin embargo, y para terminar, me gustaría hablaros de un experimento clásico que, espero, cambie vuestra idea sobre lo son y cada uno puede hacer con los estereotipos. Se trata del experimento de Rosenthal y Jacobson (1968) sobre la influencia de las expectativas del profesor en el rendimiento de los alumnos.

Administraron un test de inteligencia no verbal a alumnos de educación infantil y primaria e informaron a sus profesores sobre los niños que habían obtenido mayores puntuaciones en el test, con la finalidad de poder pasar el mismo test a estos niños al cabo de un tiempo y compara los resultados. La realidad es que estos niños fueron seleccionados al azar y no en base a sus puntuaciones, el objetivo era que los profesores construyesen sus expectativas sobre ellos y ver qué ocurría.

Un año más tarde, cuando los experimentadores volvieron a realizar el test, los alumnos calificados como “más prometedores” habían mejorado realmente su puntuación mucho más que el resto de la clase, y la mejoría se mantenía aun dos años después. En otras palabras, las diferencias que solo existían en la mente de los profesores se convirtieron en realidad. Esto se conoce como Efecto Pigmalión.

Estos experimentos suscitaron duras críticas por lo que suponían en el ámbito educativo sobre la creación y mantenimiento de desigualdades entre los alumnos, y son un ejemplo de lo que supone la expectativa y atribución en la formación y mantenimiento de estereotipos sociales. Tan solo pensad lo que puede suponer a la hora de legislar, por ejemplo, sobre inmigración.

Y vosotros ¿sabéis cómo soy?

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Fuentes:

Imágenes encontradas con Wylio.com, buscador de imágenes bajo licencia CC.

Introducción a la Psicología Social, E. Gaviria, I. Cuadrado, M. López (coord.) (2009)

Cuaderno de Investigación en Psicología Social, M. López, E. Gaviria, A. Bustillos, S. Fernández (2010)

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15 pensamientos en “Yo sé cómo eres (I)

  1. La verdad es que las explicaciones aportadas por la psicología acerca del funcionamiento de la mente humana resultan siempre interesantes. Muchas gracias por seguir aportándonos un poco de luz a los que somos neófitos en esta materia.

  2. Hola Pablo, vamos al lío.
    La atribución es uno de los procesos cognitivos más apasionante de observar. Posiblemente sea la base para que, al hacernos consciente de él, al tenerlo en cuenta a lo largo de nuestra vida, podamos entender muchísimas conductas y reacciones propias y ajenas.

    La atribución como proceso espontáneo, por supuesto, ya que como bien dices, en el momento en que pides argumentos para una respuesta, las personas nos detenemos a considerar posibles opciones y razonamientos diferentes a lo que inicialmente pensábamos. Pero eso no suele ocurrir. “Eso” es lo que deben hacer los psicólogos siempre 🙂

    El sesgo de correspondencia es fácil de observar por ejemplo y por desgracia, en la cantidad de personas que piensan que si una mujer es maltratada, es porque ella lo consiente. Demasiadas personas he encontrado incapaces de tener en cuenta los factores externos, el deterioro progresivo, la falta de recursos personales a los que llegan estas mujeres. Demasiadas que concluyen que si lo consiente, tiene que lo que quiere.

    Un ejemplo práctico de sesgo de falso consenso lo vemos a diario. Este sesgo explica muy bien la “masa borreguil”, seguir al líder, hacer lo que hacen los demás y lleva a reírse, criticar o repudiar a los que hacen algo diferente… El efecto Bandwagon va también por ahí.
    Si buscas prejuicio cognitivo en la Wiki, encontrarás un listado enorme de conductas conocidas, que ves todos los días y que si eres honesto, te puedes aplicar a ti mismo alguna que otra.

    Hablas de la creación y mantenimiento de estereotipos como consecuencia de procesos de atribución. Los estereotipos nos sirven para organizar y controlar la información. Encasillada y clasificada para recurrir a ella y darle sentido a la realidad. Al fin y al cabo es la manera en que nuestro cerebro funciona de manera cómoda.
    Como dijo César en Experientia Docet, somos avaros cognitivos, no nos gusta pensar. El estereotipo nos evita pensar. Es un recurso habitual en el cine de puro entretenimiento, un personaje estándar, fácil de encasillar implica la ausencia de la necesidad de profundizar en la psicología del personaje. Nos lo da hecho.
    Muchos de los que han contestado a tu encuesta saben que la trampa está en frío-afectivo. Estereotipos ligados a hombre-mujer, hasta el punto de que si se invierten, son considerados defectos. Pero, de nuevo, si somos honestos, decidimos según nuestro cómodo estereotipo arraigado desde hace tiempo en nuestra mente. Malas decisiones, hechas sin pensar, que tienen consecuencias como la discriminación – léase tu ejemplo –
    El mejor ejercicio que puede hacerse es cuestionar nuestras opiniones, argumentos, puntos de vista. Escuchar opiniones diferentes e intentar comprender argumentos contrarios. Mucho trabajo. Y también, claro, se puede estudiar Psicología 😉

    Con respecto a esto, y para que no caigas en una muestra sesgada ;-), he de decirte que yo he estudiado Psicología hace muchos años – por eso me gusta tu página, me refresca conocimientos, que siempre viene bien – Por circunstancias de la vida, no he podido ejercer como Psicóloga… mmm… de forma remunerada, porque esta carrera, si te apasiona, es algo que llevas contigo siempre. Tus vivencias, tus comportamientos, expresiones, razonamientos llevan siempre a ejercer. Nunca he podido evitar analizar. Hablando con un Psiquiatra amigo, llegamos a la conclusión de que no se trata de una “deformación” profesional, sino al contrario, se trata de formación profesional. Da igual la familia, los amigos, compañeros de trabajo o la comunidad de vecinos xD. Ejerces siempre, curiosidad infinita y búsqueda de las razones que nos llevan a ser como somos y hacer la vida mejor para los demás.

    Se me ha hecho muy corto el artículo 🙂 Espero la segunda parte con ganas.

  3. “Realizar una atribución, es decir, encontrar una explicación, ya sea correcta o falsa, facilita (…) la sensación de control”. Señor Paquetolius ¿Cierto que esto puede contribuir mucho al origen o creencia de las religiones?

    ¿De pronto no sabes que porcentaje de acierto tiene el efecto Pigmalión en los niños y adultos?

    • Bienvenido Señor Yunni, siempre es un auténtico placer verte.

      La relación entre religión y necesidad de sensación de control es una idea que se me ocurrió mientras escribía este post, pero la verdad es que no la he desarrollado. Es posible que, para personas obsesionadas con la muerte o el pecado (por su propia culpa o por imposición) la religión sea una forma de suplir la motivación básica de control.

      En cuanto al índice de efectividad del Efecto Pigmalión no podría darte datos. En el experimento clásico que he nombrado utilizaron a un 20% de los niños de la muestra y, como no da más datos, parece ser que notaron mejoría en todos. Pero supongo que dependerá de diversos factores, como la capacidad del docente, el número de otros niños “no especiales”, etc. Siento no poder ser más concreto.

    • Dani, es un placer tener a un blogger de tu nivel por aquí, me siento muy honrado.

      El nivel de los comentaristas no se puede decir que sea por mi habilidad, son todo gente genial.

  4. Hola Pablo:

    Hoy, ya con mi neurona en modo activo, he vuelto a leer el artículo más detenidamente y lo comento. Me ha parecido fascinante, no tanto por descubrir cosas nuevas (mis conocimientos de psicología son nulos), como porque, intuitivamente, había llegado a ciertas conclusiones que aquí expones y eso siempre ayuda a pensar que no estás tan chiflado como crees 😀

    Comentaba Yunni anteriormente que, en cierto modo, puede aplicarse a la religión esta necesidad de buscar y encontrar patrones de conducta y aplicarlos sin información suficiente, simplemente como medida “de defensa” para paliar nuestra ignorancia. Sin embargo, en mi idea previa a este artículo, yo lo extendía a todo el “pensamiento mágico”: pseudociencia, ocultismo, religión y, especialmente, conspiranoia.

    Siempre he pensado que, cuando alguien que tiende al pensamiento mágico se encuentra ante un hueco de conocimiento siempre intenta rellenarlo, sea cual sea la información de partida. Para alguien racional un “No lo sé, esperemos a tener más datos” puede ser una respuesta perfectamente válida, pero esta incertidumbre parece generar problemas en este tipo de personas, lo que aludías del control. Necesidad de tener respuestas y un mundo ordenado, aunque sea bajo una lógica “ilógica”.

    A su vez, este “conocimiento” que han adquirido a través de su atribución les proporciona una “ventaja” sobre los que decidieron no posicionarse a falta de datos. Ellos ya “saben” la respuesta, son mejores, más listos que todos esos racionalistas de salón, su autoestima sube.

    Además, como vemos a diario en Internet, el sesgo del falso consenso es casi una ley entre sus filas. Se reúnen en torno a círculos cerrados donde todos tienen la misma opinión buscando refuerzo, callando rápidamente las voces disidentes y no admitiendo ni buscando la crítica.

    Siempre había visto estos rasgos dentro del pensamiento mágico, después de tu escrito, parece que algo de razón puede haber en esa idea.

    Un saludo, ¡espero la segunda parte con ganas!

    • Más honores para mi simple persona, con este post puedo decir que tengo invitados de excepción. Bienvenido Kanijo.

      Hace un tiempo escribí una serie de post que se tituló Porqué los ateos no creen en el infierno. Podéis encontrarlo en la categoría “Escepticismo”. Tratan sobre cómo surge y cómo funciona el pensamiento mágico. Aunque, como habéis señalado el Señor Yunni y tú, parece que habría que incluir un poco de este tema allí.

      Mientras escribía yo también pensé un poco sobre esto. La atribución se puede analizar en base a un continuo interno/externo, de modo que algunas atribuciones se hacen a factores internos y otras a factores externos. Cuando los sucesos sobre los que se realiza la atribución resultan tener consecuencias positivas la autoestima se ve reforzada. ¿Cómo se aplica esto a lo anterior?

      Ya hemos visto que hacemos atribuciones constantemente. Un creyente observa un suceso cualquiera y lo atribuye a una intervención divina, con lo cual, recupera la sensación de control. Pero la cosa no acaba ahí, el creyente sigue haciendo atribuciones (como cualquiera) por lo que llega a hacer atribuciones de sus propias atribuciones, ejemplo:
      -creo en dios porque soy alguien muy sensible a estos temas-
      De esta forma, está atribuyendo aquello que le da seguridad a un proceso interno, lo que hace que se refuerce su autoestima.

      Todas las creencias irracionales son grandes generadores de refuerzo y autorrefuerzo, por eso perduran.

      Por cierto, no debe sorprenderte que en muchas ocasiones su apreciaciones sobre la psicología individual o colectiva sean acertadas, ten en cuenta que somos seres psicológicos, vivimos la psicología a cada instante. La ciencia psicológica solo procura dar fundamento y sistematizar conocimientos que, en realidad, llevamos usando milenios.

  5. Oye señor Paquetolius, me hiciste recordar esta hermosa frase de “Axiomático”:

    “Creo en Dios porque mi cerebro ama las certidumbres epistemológicas a fin de no perder el tiempo en algo diferente para lo que fue concebido: buscar pareja, intercambiar ADN con ella y morirme”

    Aquí hay un ejemplo en video de lo que hablamos:

    • Pues claro que no me molesta Yunni. Este es vuestro espacio, para que comentéis lo que queráis. Para que expongáis vuestras opiniones sobre cualquier cosa, eso sí, siempre en un lenguaje adecuado y sin violencia.

      Puedes poner 20 vídeos más si eso te hace sentir bien 🙂

      Además, Señor Yunni, nos conocemos hace tiempo, usted tiene derecho a poner lo que se le antoje por aquí.

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