El amor de las mitocondrias.


Este fin de semana no he publicado nada y sé que el viernes muchos visitasteis esta bitácora esperando una nueva entrada. Perdonadme y no os preocupéis, no voy a cambiar de hábitos.

Este fin de semana no tenía ni ánimos ni inspiración para escribir. Hace tiempo que estoy preparando un post sobre el amor para acabar, de momento, con esta línea de trabajo sobre la emoción; no es este. Al llegar el viernes no había terminado de leer los libros que necesitaba ni de recopilar los trabajos que quería revisar. Mucho trabajo por hacer y poca motivación dieron al traste con mis planes.

Sin embargo, indagando sobre el amor, he descubierto algo que sí quería contaros: El amor de las mitocondrias.

Las mitocondrias son unos orgánulos celulares muy especiales: poseen una membrana externa como si se tratase de una célula independiente, también tienen su propio genoma que presenta muchas semejanzas con genomas bacterianos y son fundamentales para el aporte energético de la célula pues sintetiza gran parte del ATP producido en la misma. Y esto es solo una parte de todo lo que las mitocondrias hacen por la célula.

Hoy no hay dudas al respecto, las mitocondrias eran células independientes que un día se toparon con las células eucariotas y se enamoraron… al estilo de las células. Alguna (o algunas) célula eucariota, hace unos 1500 millones de años fagocitó una mitocondria y no pudo digerirla. De esta forma, dos seres distintos se vieron obligados a negociar las condiciones de su existencia.

La reflexión en torno al amor (que no es mía, sino de Eduardo Punset) tiene que ver con lo que es y lo que no es amor. Asumimos la idea de que el amor es un ansia de entrega y desprendimiento, un gran logro del hombre moderno, expresado como marcan las prescripciones literarias. Entendemos el amor como la antítesis del interés individual, el desinterés supremo.

Pero una mirada al pasado sugiere todo lo contrario. Un vistazo al proceso evolutivo nos dice que el amor es una constante de la existencia, el irrefrenable impulso de fusión. Desde que las primeras células se unieron para intercambiar material genético existe el amor. Está en la base de los motivos sociales universales de pertenencia y confianza.

El amor es una relación de intercambio beneficiosa para uno mismo, para el otro y para los que están al rededor de la pareja. El amor nos permite perpetuarnos como material genético único (individuos) y como material genético compartido (especie), y para realizar esta tarea la selección natural ha preparado nuestro cerebro para necesitar el amor, para que lo busquemos y utilicemos en nuestro beneficio.

Yo me encargo de que no falte energía para lo que necesitemos. Sugirió la mitocondria.

Trato hecho, yo me encargo de que lleguemos a buen puerto. Sentenció la célula eucariota.

Este es el amor de las mitocondrias.

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Fuentes:

Viaje al amor, Eduardo Punset (2007).

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6 pensamientos en “El amor de las mitocondrias.

  1. Muy buen post. Me ha encantado y hecho pensar. Ninguno de nuestros actos tiene un trasfondo que no sea egoísta, y el amor, por supuesto, no puede ser de otra manera. Yo definiría amor como el sentimiento, y por lo tanto mensaje del subconsciente al consciente, que va en contra de la lógica y a favor de la especie.

  2. Muy currado. La verdad es que el amor nos hace mejorar para/con los demás a la vez que nos mejora a nosotros mismos, aunque sea en un puro acto de supervivencia.

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