Cambiando los recuerdos


 

Salvador Dalí, 1931.

 

La Memoria es un proceso psicológico que nos permite recordar sucesos de nuestra propia vida, o de nuestro entorno, caras y nombres de personas, formas de realizar tareas, y un sinfín más de vivencias cotidianas o extraordinarias. Pero la memoria de los animales no es como las memorias de los ordenadores, nuestra memoria no copia y pega en nuestra conciencia, con total exactitud, los sucesos de nuestra vida.

Hay una región del encéfalo que está íntimamente relacionada con la memoria, el Hipocampo. El Hipocampo es una estructura cerebral que forma parte del Sistema Límbico, al igual que la Amígdala, de la que hablamos la semana pasada. Si bien el Hipocampo no es la única zona del SNC que almacena recuerdos, la evidencia científica parece asegurar es la zona que “crea” los recuerdos, para enviarlos más tarde a otras estructuras cerebrales. Además, el Hipocampo es una de las zonas en las que se ha descubierto neurogénesis en la edad adulta, es decir, nacimiento de nuevas neuronas una vez formado el Sistema Nervioso. Otra característica importante del Hipocampo es que es muy sensible a las variaciones del medioambiente cerebral.

Como os decía, nuestra memoria no es perfecta, no solo por los fallos que se puedan dar en el codificado, recuperación o descodificado de la información que contiene, sino por algo mucho más sutil. No solo recordamos experiencias, personas o habilidades, también recordamos las emociones asociadas a las experiencias, las personas y las habilidades que hayamos desarrollado.

Y aquí nos encontramos con un gran dilema, puesto que el estado emocional de cada uno de nosotros no es estable, sino que cambia, al igual que nuestras ideas, y lo que pensamos sobres nuestras ideas, nuestras emociones y nuestras vivencias. Nuestras emociones e ideas marcan nuestra forma de ver el mundo, y por lo tanto lo que almacenamos en la memoria. De esta manera nos encontramos con Sesgos de Memoria, como el sesgo por efecto contextual o el efecto de sesgo por exposición. Esta variabilidad de lo que, comúnmente, llamamos “personalidad“, o “forma de ser“, hace imprescindible que nuestros recuerdos puedan ser modificados para que sean coherentes con nuestra nueva visión del mundo, si esto no ocurriese nos encontraríamos en un estado de disonancia cognitiva, que exigiría ser reducido.

El mecanismo que nos permite evitar esa disociación entre “lo que soy hoy” y “lo que fui ayer” se conoce como autoconsistencia. Que, a efectos prácticos, es la sensación subjetiva de continuidad en el tiempo de nuestra propia persona. Como consecuencia de la variabilidad y la necesidad de sentir continuidad se puede incluso implantar recuerdos falsos en pacientes, siempre y cuando estos falsos recuerdos eran una buena explicación a los problemas que los pacientes sufrían. Existe una fundación de personas que han sufrido este abuso por parte de los psicoanalistas a los que acudían en busca de ayuda.

En resumen, nuestros recuerdos cambian para ajustarse a nuestra forma de vivir la realidad emocional actualmente. Esto es lo que demuestran los experimentos de los que vamos a hablar.

McFarland y Ross (1985) realizaron una investigación en la que entrevistaban a estudiantes universitarios que tenían una pareja estable. Lo que se les pedía era que evaluasen a sus parejas. Dos meses más tarde, en una segunda entrevista se les pedía una nueva evaluación. Comprobaron que, los que decían estar más enamorados que nunca tendían a recordar que su relación había empezado con un flechazo, mientras que los que habían roto la relación tendían a afirmar que desde el principio se dieron cuenta de que su pareja era egoísta y con mal carácter.

Años más tarde, Holmberg y Holmes (1994), realizaron una investigación similar. Participaron casi 400 parejas casadas, la mayoría de las cuales afirmaban ser muy felices. Dos años más tarde volvieron a entrevistarse con todos los participantes. Las parejas cuya relación se había deteriorado o estaban separadas manifestaban que “la relación había ido mal desde el principio“.

Estos resultados ponen de manifiesto que la forma en la que evoluciona la relación modifica no solo lo que cada miembro de la pareja piensa del otro en ese momento concreto, sino el recuerdo de cómo era en el pasado. Por supuesto, esta nueva forma de ver a la otra persona influye en la propia conducta y los procesos psicológicos.

Estos procesos resultan de gran importancia para nuestra vida emocional, porque nos brindan la esperanza de cambiar nuestros recuerdos para vivir una vida emocional saludable. ¿Cómo? Una vivencia que denominamos “traumática” lo es, no por el recuerdo de la vivencia en sí, sino por las emociones que trae asociado ese recuerdo, y que se reviven completamente cada vez que recordamos esta vivencia. Sin embargo, cambiando el cómo vivimos nuestra vida emocional presente cambiamos el cómo nos enfrentamos a nuestros recuerdos emocionales pasados.

Los supuestos psicoanalíticos se demuestran falsos, no es necesario revivir el pasado para cambiar el presente. A la hora de enfrentarnos al pasado nuestro lema debería ser: “Viviendo el presente, cambiando los recuerdos“.

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Fuentes:

Imagen de cabecera: La persistencia de la memoria, Salvador Dalí (1931).

Diccionario de psicología social y de la personalidad, Rom Harré, Roger Lamb (1992).

Memoria y Realidad, Sitio Web de la Fundación Síndrome de Falsa Memoria.

Introducción a la Psicología Social, E. Gaviria, I. Cuadrado, M. López (coord.) (2009).

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7 pensamientos en “Cambiando los recuerdos

  1. Algunos recuerdos tratas de comprimirlos en un rincón, para que no hagan daño pero cualquier detonante, por nimio que sea, puede ser el principio de problemas mas graves.
    Muy bueno 🙂

  2. Señor Paquetolius, quizá le pueda ayudar un poco este enlace: http://www.youtube.com/watch?v=JrhLWoMl7_Y

    ¡Esto de la memoria me fascina! Lamentablemente solo sé de estos temas por puras películas de ciencia ficción ¿Se han dado casos como los de: “Memento”, “Total Recall”, “Eternal Sunshine of the Spotless Mind”, “The Bourne Identity” o la aborrecible “50 first dates”, o del anime “Cobra”?¿Sera que nunca podremos fabricar los aparatitos de los “Hombres de Negro” para borrar la memoria?

    Aquí les dejo al gran Nietzsche: “La ventaja de tener mala memoria consiste en que se goza muchas veces con las mismas cosas”.

    • No sabría que decirte Yunni. El Síndrome del Savant no es algo estudiado. En principio solo se ha detectado en 50 personas alrededor del mundo, de lo cuales, dicen, que al menos 25 son autistas.

      Pero esto no cuadra mucho con lo que sabemos del autismo. Los autistas pueden tener intereses extraños y fijarse en detalles que nosotros obviamos, pero nada parecido a estas “supercapacidades”.

      El psicólogo ruso Luria, describió el caso de un hombre al que había estudiado durante años. Este hombre afirmaba que podía recordar su vida desde el momento del parto. Luria lo llamaba El Gran Mnemónico. Pero hoy día la mayoría de psicólogos afirman que se lo inventó, si no el propio Luria se lo inventó el sujeto a quien estudiaba y consiguió engañarlo.

      Y en cuanto a los aparatos de los “Hombres de Negro”, pues no. Tal vez con algún compuesto químico se podrían bloquear los accesos a los recuerdos, aunque es mucho suponer, pero un haz de luz que borre la memoria no es posible.

  3. Me encanta esa frase Yunnimedina, me hace imaginarme de nuevo mi infancia, aunque no sé por qué, jejejeje.

    Pablito, creo que cada vez que escribes te superas, desde luego sabes cómo llamar mi atención. Felicidades por este post.

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