La fuente de las emociones


Vivimos acosados por un tipo de sensaciones que no son como el resto de sensaciones. Hay sensaciones de muchas clases: el frío al caer la noche, el sabor de un dulce, el calor del fuego o el resplandor de una pared blanca cuando refleja la luz del Sol. Existen otras sensaciones, que vivimos incluso más intensamente que éstas, pero que no son el reflejo de sucesos físicos: el placer de un buen café, el miedo a un insecto desconocido, el enfado contra el jefe, la felicidad ante el reencuentro de viejos amigos, la tristeza al dejar atrás un amor de verano.

Todas estas sensaciones son físicas, podemos percibirlas en las manos, el estómago, la boca, pero las del segundo tipo son especiales. Estas sensaciones “especiales” son las emociones.

Las emociones son el resultado de la evolución del Sistema Nervioso, son algo biológico. De este modo, amar, estar feliz o triste, enfadarse, sentir miedo, sorprenderse o sentir asco, son procesos puramente biológicos. Tanto es así, que estas emociones primarias tienen sus correspondientes expresiones faciales que son comunes a todos los seres humanos y sirven como un primitivo mecanismo de comunicación no verbal. Pero esto también significa otra cosa, que el origen de las emociones tiene que ser un lugar físico, y ese lugar es el Sistema Límbico.

El Sistema Límbico es una parte muy antigua de nuestro cerebro y que compartimos los mamíferos con los reptiles, de forma que el centro que da origen a nuestras emociones surgió hace millones de años.

Como nos muestra este (entrañable) video de Érase una vez el hombre, parte de nuestra conducta hoy día está controlada por este primitivo cerebro que no entiende de edificios, automóviles, sociedad, ni leyes. Como dice Daniel Goleman:

[…] En suma, nos vemos obligados a afrontar los retos que nos presenta el mundo moderno con recursos emocionales adaptados a las necesidades del pleistoceno.

He aquí el auténtico problema de nuestras emociones. Surgen en un mundo muy distinto al nuestro, un mundo donde no se pensaba -matar al jefe es un acto ilegal o inmoral-, sino que se mataba o se huía. Tenemos dos mentes, una mente que piensa y otra que siente. Pero ambas son imprescindibles para poder vivir en el mundo, e interactúan para construir nuestra vida mental. Normalmente, ambos sistema funcionan conjuntamente en colaboración, donde la emoción da forma a la razón y la razón ajusta e incluso censura la emoción.

Pero hay veces en las que esta perfecta coordinación se rompe, y cuando esto sucede la emoción es más fuerte que la razón, la desborda y toma el control de nuestra vida. Daniel Goleman lo llama –secuestro emocinal-. En esos momentos, el Sistema Límbico declara el estado de emergencia y toma el control de todos los recursos del cerebro sin que el neocortex (la parte pensante del cerebro propia de los mamíferos y más desarrollada en los humanos) tenga tiempo de percibir la situación y mucho menos de encontrar una respuesta adecuada.

El golpe de estado neuronal se origina en la Amígdala cerebral (no confundir con la Amígdala palatina, que se inflama cuando sufrimos anginas). R. Joseph informaba sobre un joven al que la ausencia funcional de la Amígdala le impedía todo reconocimiento de los sentimiento propios y ajenos, y aunque otros autores constatan que en realidad quedan algunos vestigios de emoción, estos no son ni de lejos lo que comúnmente conocemos como sentimientos.

Entonces surge la pregunta, ¿cómo es posible que la Amígdala cerebral tome el control de nuestros actos?. LeDoux descubrió que la Amígdala cerebral actúa como un “policía” neuronal. Las vías neuronales procedentes de los ojos y los oídos llegan al Tálamo, y de ahí, surgen dos vías distintas, una que va hacia los respectivos núcleos en el neocortex, y otra, más corta, que va hacia la Amígdala cerebral. Esto significa que toda la información sensorial llega antes a la Amígdala que a la zona pensante del cerebro, de modo que surgen antes los sentimientos sobre los sucesos ambientales que los pensamientos.

De esta forma, si la Amígdala detecta que es necesario entrar en acción no esperará al lento y más informado neocortex. En un experimento concluyente, LeDoux lesionó el cortex auditivo de ratas, a pesar de lo cual consiguió condicionarlas a un sonido que iba seguido de una descarga eléctrica. Las ratas no escuchaban la señal acústica porque el lugar del cerebro que interpreta estas señales estaba destruido, sin embargo aprendieron a evitar las descargas, dado que las vías auditivas desde el oído hasta el Tálamo, y de ahí a la Amígdala estaban intactas. La Amígdala percibía, recordaba y controlaba el miedo al sonido (una respuesta emocional condicionada) de forma independiente al cerebro consciente.

Por lo que, la Amígdala analiza todas las entradas sensoriales y cuando detecta una pauta sensorial determinada, que tiene catalogada como urgente, no intenta de ningún modo confirmar su percepción, sino que dispara una respuesta. De esta forma desborda la capacidad de actuación del neocortex y toma el control de nuestros actos, nos secuestra. En estas situaciones podemos llorar sin parar, insultar a personas a las que amamos, golpear e incluso ensañarnos con otro ser humano, saltar al agua para rescatar a alguien sin ser conscientes siquiera de que hemos saltado o reír sin control.

En definitiva, nos encontramos inmersos en una vida emocional que puede desbordarnos si no aprendemos a vivirla adecuadamente.

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Fuentes:

Inteligencia Emocional, Daniel Goleman (1995).

Érase una vez el hombre, Albert Barillé, serie de televisión (1978).

Emoción, memoria y cerebro, Joseph E. LeDoux en Investigación y Ciencia Nº 215, 1994, pags. 38-45.

Questions About Emotion, P. Ekman y R. Davidson (1994).

Psicología General I. Soledad Ballesteros, UNED (2001).

 

 

 

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6 pensamientos en “La fuente de las emociones

  1. Señor Paquetolius ¿Lo siguiente nada tiene que ver con el síndrome de Asperger?: “Un joven al que la ausencia funcional de la Amígdala le impedía todo reconocimiento de los sentimiento propios y ajenos”.

    Oye y de nuevo, lo que has escrito confirma los postulados de ese libro que me impresiono tanto: “Las mil caras de la mente” de Fernando García de Haro.

    • Hola Yunni, me alegro de verte. Lo de este joven no tiene que ver con el Asperger porque se trata de una lesión de esa zona concreta.

      En el Asperger, para empezar no se sabe bien qué falla, pero además se trata de un problema que viene como muy tarde desde los 2 años. Hay controversia entre si es un problema que venga desde el nacimiento o que surge después, aunque la mayoría acepta sin dudar que es de nacimiento.

      Ese libro ya lo has mencionado antes, pero aun no he tenido oportunidad de conseguirlo. Pero en cuanto lo lea escribiré algo seguro.

  2. Holas, desde hace algún tiempo vengo siguiendo tu blog, me parece muy interesante y confiable (siempre citas fuentes y te basas en información contrastada, una costumbre que lamentablemente en psicología no siempre se mantiene…)

    En este artículo me llama la atención aquello de “…Esto significa que toda la información sensorial llega antes a la Amígdala que a la zona pensante del cerebro, de modo que surgen antes los sentimientos sobre los sucesos ambientales que los pensamientos.” Si bien no me parece algo inesperado, sí me parece una evidencia más que pone en duda la base teórica de la TRE de Ellis y su esquema A-B-C.

    También me trae a la memoria un caso que nos comentó un profesor en clases de “Bases Biológicas del Comportamiento”, donde un sujeto con amnesia anterógrada (debido a una lesión cerebral) se mostró reticente a darle la mano a su médico, luego de que en su última visita éste le pinchara la mano con un alfiler al despedirse, a pesar de que no recordaba nada “conscientemente”…

    Saludos

    • Muy buenas, muchas gracias por seguirme, es todo un orgasmo de placer que lo hagas xD.

      Desde hace un tiempo trato de mejorar la calidad de los post y contrastar todo lo que digo, aunque no siempre ha sido así, si lees los primeros post notarás la diferencia, pero decidí dejarlos porque forman parte de la historia del blog. Aun tengo una tarea pendiente que es generar mi propio material audiovisual, es decir, las fotos, videos y esquemas que aparecen en los post. Todo se andará.

      No conozco a fondo la Terapia Racional Emotiva (entre otras cosas porque aun sigo estudiando y no he llegado tan lejos aun, jeje); sin embargo, en parte tiene razón sobre los procesos atributivos de la propia conducta y cómo actúan de mediadores cognitivos, pero tal vez deja de lado (porque cuando propone su modelo aun Festinger no había publicado su teoría) la teoría de la Disonancia Cognitiva de Festinger. Las creencias y actitudes de la persona, según la teoría, no le van a “turbar”, como propone Ellis, porque siempre encontrará una justificación a lo que hace, para mantener el estado de consonancia.

      Es decir, que las personas nunca van a percibir sus creencias, ideas, sentimientos o lo que sea, como irracionales porque eso crearía un estado de disonancia interna, y existe una motivación interna que guía hacia la consonancia, lo que implica estabilidad aunque a los demás nos parezca que las creencias de esa persona son absurdas.

      No se, tal vez estoy equivocado en mi valoración por no conocer demasiado bien este modelo. Tal vez Ellis es sólo fruto de su tiempo, que hacía énfasis en el nuevo enfoque cognitivo; y yo soy fruto del mío, que hace más énfasis en las emociones y motivaciones. Pero la verdad es que creo que los problemas psicológicos no están causados por ideas o creencias en sí, sino por 1) cómo aprendemos a comportarnos y 2) las emociones que asociamos a los elementos de nuestra vida.

      ¿Y tú que piensas?

  3. Lo que a mí me parece es que en concreto el tema de las emociones tiene algunas más “vueltas” de las que generalmente se le reconocen… Desde la psicología social se han hecho numerosos experimentos al respecto (por ejemplo, los de Schachter y Singer) encontrando que la excitación fisiológica propia de algunas emociones (como el aumento del ritmo cardiaco y respiratorio, sudoración, aumento del tono muscular…) es medianamente inespecífica, o sea, es más o menos lo mismo para distintas emociones, y que la interpretación que la persona hace de la situación en la que se encuentra es la que “dice” si es rabia, nervios, alegría, etc., entonces el esquema iría más complejo.

    Además, a eso hay que agregarle el hecho de que ciertos estímulos pueden producir respuestas cognitivas “automáticas”, o sea, que alguien piense inmediatamente al estímulo, y luego eso afectará la forma en que interpreta su activación fisiológica. También hay que tener en cuenta que las consecuencias de la respuesta emocional de una persona pueden contribuir a mantenerla (ya sea por Ref. Positivo o Ref. Negativo)… y a todo eso se le debe agregar el hecho de que cualquier eslabón de esta cadena (que más bien vendría a ser una “red”, porque cada punto tiene múltiples conexiones con los otros) puede a su vez ser un estímulo para que la persona dé una nueva respuesta (ya sea cognitiva -pensamientos/atribuciones-, de excitación fisiológica, o motora) y así se puede seguir una larga secuencia que además se retroalimente. Cómo se forma esta secuencia, y qué elementos van a destacar más va a depender de cómo haya aprendido a funcionar cada individuo… y así sí que se nos complica la cosa, no?

    Por otra parte, (y esto ya es más una interpretación personal) opino que el problema surge porque tratamos a las emociones como si fueran una cosa, y no como un conjunto de respuestas (de diferentes tipos: fisiológicas, motoras, verbales (internas y externas), etc…), que además dependen tanto de los antecedentes como de las consecuencias que éstas tienen sobre nosotros mismos y nuestro ambiente.

    • Es cierto que la activación fisiológica es inespecífica. Hay un experimento que me gusta mucho, de Dutton y Aron (1994).

      En Canadá, hicieron pasar a dos grupos de hombres por dos puentes de un mismo río. Uno de los puentes era sólido, de poca altura, muy ancho. El otro puente era un puente colgante de madera de 150 metros de largo que se tambaleaba a 70 metros del suelo.

      En ambas situaciones, una hermosa joven los detenía en mitad del recorrido para hacerle unas preguntas. Luego, les daba su número de teléfono por “si necesitaban información adicional sobre el estudio”

      De los que pasaron por el puente más seguro poco llamaron a la joven, pero de los que pasaron por el puente que generaba más estrés fueron muchos más.

      La explicación es que confundían la activación fisiológica propia de la situación de peligro con la de encontrarse con una chica guapa.

      Es muy interesante lo que dices de que las emociones no son “cosas”. Creo que es un error que arrastramos todos por culpa del psicoanálisis. Freud consideraba que un “trauma” era prácticamente como una herida real, por lo que había que encontrar la herida, limpiarla, coserla, y cuidarla hasta que sanase.

      Pero es evidente que la psicología no funciona así. Son, más bien, las pautas de conducta que se aprenden en las situaciones que marcan a las personas lo que genera los problemas. Y con las emociones pasa lo mismo, no son cosas en sí mismas que se puedan mover de una lado a otro. Y, además de lo que dices, también dependen de las vivencias anteriores, de aquellas emociones que hemos asociado a circunstancias concretas, o de las emociones que hemos visto que otros asociaban a tal o cual situación.

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