Porqué los ateos no creen en el infierno (IV)


Tal y como os prometí, hoy llega el último post de esta serie. Hoy quiero hablaros de uno de los conceptos centrales de las religiones: el castigo eterno.

Todas las religiones prometen algún tipo de paraíso y de castigo después de la muerte para aquellos que cumplen o desobedecen sus directrices. El infierno cristiano es un “lago de fuego y azufre”, es el lugar donde habitan los demonios y los malvados y donde sufrirán por toda la eternidad. Para los testigos de Jehová, el infierno es el fin de la existencia, de tal manera que los bondadosos vivirán eternamente y los malvados desaparecerán. En el islam, el infierno también es un lugar de fuego, como una ciudad toda de fuego, con edificios de fuego, camas de fuego, calles de fuego, etc. En el hinduísmo existen 21 infiernos distintos, y el infierno budista es el reino de los Nerakas. En la antigua Grecia existían distintos destinos para los muertos, tanto benignos como tortuosos. En la mitología nórdica, a los que no se les concedía entrar al Vahalla, eran entregados a Hel, en cuyo reino los lobos destrozaban los cadáveres de los asesinos, los perjuros y los que seducían a la mujer de otro.

Como dato gracioso, en el año 2001 se les concedió el premio Ig Nobel de Astrofísica a Jack y Rexella Van Impe por su gran estudio en el que “demostraban” que los agujeros negros cumplen todos los requisitos para ser la localización del infierno.

Bromas a parte, el concepto de infierno puede ser realmente perjudicial para la salud mental de los creyentes: ¡TEN MIEDO! ¡SI NO ACTÚAS COMO TE DIGO IRÁS AL INFIERNO! Como habréis podido comprobar, en mi blog no se han tratado temas éticos, sin embargo no puedo dejar de decir que es completamente perverso e inmoral hacer que alguien piense esto. Es un abuso, como los abusos violentos a los niños en los colegios o los abusos sexuales, ya que todos estos casos tienen en común el hacer que quien lo sufre viva con miedo. Las religiones, al enseñar sobre el infierno, están llevando a cabo un tipo de maltrato sobre sus fieles.

Ahora es el momento en que me podéis preguntar: Pablo ¿por qué no crees en el infierno, y en consecuencia, tampoco en el cielo? Todas las religiones del mundo han hablado acerca de lugares de premio o sufrimiento; ¿no tienes miedo? Y mi respuesta es que yo sé algo que los que idearon las religiones no sabían, y yo sé algo que los fieles no saben: Yo sé qué es el fuego.

Para terminar me gustaría que también vieseis este video en el que Richard Dawkins habla sobre las religiones.

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9 pensamientos en “Porqué los ateos no creen en el infierno (IV)

  1. ¡Gracias Paquetolius por tu artículo! Señor Paquetolius, quisiera que por favor me diera permiso de citar algo de aquí suyo, en Genciencia. Obviamente diré de donde es la referencia (¡Cielos, he recordado que hice ya esto una vez sin pedirte permiso, discúlpame, se me paso!). Si no puedes, tranquilo, no hay problema.

    Tengo amigos declaradamente antihumanistas. Lo extraño es que son ateos, pero ante los demás se muestran como creyentes. Dicen que a la chusma, hay que hacerle creer en las religiones, en Dios y en el castigo eterno del infierno. Por que según ellos: 1) No le puedes pedir ateísmo a la chusma, ellos intelectualmente no pueden con eso. 2) Llegado el remoto caso que algunos lleguen al ateísmo, se degeneran aún más. Pues no le ven sentido a sus vidas sin un Dios. Como no hay Dios, ni infierno de castigo eterno, la chusma pensara que todo es permitido, que no hay ley ni ética. 3) Debido a los puntos anteriores –según ellos-hay que enseñarles todas estas supersticiones para que se sientan bien en su ignorancia y se comporten bien, así sea con la amenaza del infierno, pues es la única manera en que se comporta bien la chusma.

    Por eso dicen que el humanismo es el que se ha tirado el mundo y renegaron mucho cuando el Papa Juan Pablo II dijo que el infierno no existía. También dicen que todas estas supersticiones eran más necesarias en el pasado, cuando el Estado de la Ley era muy débil, principalmente por el poco desarrollo tecnológico.

    Yo les he dicho que exageran esos “beneficios” de estas y todas las supersticiones. Pues tengo un enlace, por ejemplo (¿Se pueden dar enlaces? Si no tranquilo, entenderé) que demuestra estadísticamente que los pueblos menos creyentes son más pacíficos. Además muchas supersticiones “bienintencionadas”, son fácilmente burladas por los creyentes precisamente en lo bueno. Como humanistas no queremos que la gente tenga complejos de culpa por haber hecho algo malo: 1) Porque eso fácilmente lo burlan, o si lo tienen lo soportan y parte sin novedad. El mal sigue, no lo reparan y lo continúan haciendo. Y 2) No queremos que se sientan mal (como un miedo de irse al infierno por haber hecho algo malo, pues esto es peor). Queremos es hechos, HECHOS: QUE SE EVITE EN TODO LO POSIBLE Y DE MANERA RACIONAL el mal. O en su defecto SE COMPENSE O CORRIJA RACIONALMENTE. No que después de haber violado niños esto se “corrija” con 7 avemarías y parte sin novedad, de nuevo.

    Gracias por su atención señor Paquetolius y disculpe las preguntas y lo largo del comentario.

  2. Yunni puedes comentar todo lo largo que quieras. Además no me importa que me menciones en donde quieras. El tema de lo enlaces es un poco más complicado: si pones dos enlaces o más el sistema antispam los bloquea hasta que yo los revise, pero ese es el único inconveniente.

    La verdad es que me parece terrible la idea de que hay que mantener la mentira de las religiones para que la gente se comporte bien. Para empezar, la historia demuestra que las religiones no hacen que seamos mejores personas, ni que se cometan menos actos malvados.

    Pero lo peor de todo es la idea de que el pueblo debe ser controlado. Esto es terrible. Si alguien no se adapta a nuestras convenciones sociales se le encarcela y, en la medida de lo posible, reeduca. Pero pensar que se debe imponer un control sobre los ciudadanos atenta contra el núcleo de la democracia, además de que tanto la historia como los experimentos demuestra que es completamente contraproducente.

    Por ejemplo: la Ley Seca en EEUU, el comunismo en la URSS o en Cuba, o los experimentos de Skinner que demostraban que la amenaza de castigo no eliminaba las conductas indeseadas.

    Por último, estoy de acuerdo contigo, 7 avemarías no eliminan el mal causado ni cambian al causante del mismo.

  3. No has visto el primer video. Ahí se explica todo. Cuando sabes qué es el fuego, sabes que no puede existir un infierno.

    Gracias por pasarte y comentar Javier, si tienes más dudas, por favor, pregúntalas.

  4. Sí lo he visto, y me ha parecido muy interesante, pero sigo sin entender la relación. Por ejemplo, se basa en la imposibilidad de existir el fuego en ausencia de oxígeno, diciendo que de ser así “podrías escapar al aire libre”, ¿quién dice que te dejarían hacerlo?

    Fundamentalmente no lo entiendo porque se basa en las leyes físicas conocidas, ¿cómo sabe que un hipotético infierno no pertenecería a un lugar gobernado por otra clase de leyes totalmente desconocidas para la ciencia? ¿Quién nos dice, de hecho, que el infierno debe ser ardiente, pudiendo ser helado o directamente sometido a otros elementos que no conozcamos en absoluto?

    Simplemente creo que para negar la existencia del infierno en base a teorías científicas habría que conocer absolutamente todas las posibilidades para cualquier cosa que pueda existir en el Universo – o quizá fuera de él – no podemos saberlo todo…

    Y lo dice una persona que no cree en el infierno, pero nunca me han gustado las verdades absolutas – simplemente no podemos conocer todas las posibilidades -.

    Saludos y gracias por visitar mi blog.

  5. Javier, el tema es que para que existe fuego, tal y como nosotros lo conocemos, deben existir otras cosas también. Digo “tal y como lo conocemos” porque eso es lo que enseñan las religiones.

    Dices que un infierno podría estar en un lugar gobernado por otras leyes, y sí, es posible, pero entonces no sería ni un lugar ardiente o frío, sería otra cosa, porque el punto de congelación o la combustión son fenómenos físico-químicos gobernados por nuestra leyes. En un lugar con otras leyes físicas no existiría el fuego.

    Por esto, no es necesario “saberlo todo”, como argumentas. Por supuesto, al final, si alguien desea creer lo hará, quien no lo desee no lo hará, pero quien crea, al menos debe saber que no lo hace en base a nada demostrable.

  6. Primero disculparme con Pablo por tardar tanto tiempo en contestar a este post, pero hasta hace poco no he dispuesto de información suficiente para poder contestar.

    La realidad es que desde la perspectiva jurídica del fenómeno religioso, la cual yo estudio, es bastante compleja. Como bien sabemos el derecho a la igualdad y libertad religiosa es un derecho fundamental recogido en nuestra Constitución en el Artículo 16.

    No son pocos los casos en los que dicho derecho entra en colisión con otros derechos fundamentales como el de la vida o el de la educación. Y a propósito de tu post hay un ejemplo claro de esta colisión y sus consecuencias en la Sentencia núm. 154/2002 de 18 de julio, del Tribunal Constitucional, que resuelve un recurso de amparo presentados por los padres (Testigos de Jehová) de un menor fallecido (de la misma confesión religiosa) como consecuencia de negarse a ser transfundido debido a que ello conllevaría el castigo eterno.

    Los padres presentaron el recurso de amparo porque la Audiencia Provincial y más tarde el Tribunal Supremo, los declaro autores responsables de un delito de homicidio, con la concurrencia, con el carácter de muy cualificada, de la atenuante de obcecación o estado pasional, a la pena de dos años y seis meses de prisión, y al pago de las costas correspondientes. Esto fue debido a que la transfusión era vital para el menor, y debido al miedo que este tenía a ir al infierno se negaba y se resistía físicamente a que se la realizarán, resultando además imposible aplicársela de manera forzada puesto que su delicado estado de salud no permitía sedarlo, ni forzarlo físicamente sin que corriera peligro su vida. Los padres ante esta situación no solo se negaron a la transfusión sino que también a persuadir a su hijo, acogiéndose al derecho al libertad religiosa del menor y a la de ellos. Como consecuencia el menor fallece a los pocos días.

    El Tribunal Constitucional acepto el recurso de amparo, anulando la sentencia del Tribunal Supremo, en base a que esta violaba el derecho a la libertad religiosa de los padres.

    La realidad, a mi juicio, es que los valores morales y religiosos inculcados al menor por sus padres le llevaron a un miedo insuperable a ser transfundido que tuvo com consecuencia su muerte. Aquí pues podemos ver un caso real de lo anteriormente expuesto en el post, una de las múltiples consecuencias de inculcar a las personas ideas y miedos como el infierno.

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