Porqué los ateos no creen en el infierno (II)


Hoy vamos a hablar de uno de mis autores favoritos, Burrhus Frederic Skinner (1904-1990), y de un experimento muy interesante: la conducta supersticiosa en palomas.

La primera pregunta que se debe responder es ¿Por qué un experimento con unas puñeteras palomas puede explicarnos algo de la conducta humana? Y es una pregunta legítima. Dejemos de lado el tema del desarrollo filogenético y vayamos directamente a la psicología. Desde el comienzo del siglo XX, hubo un proceso de abandono de las teorías filosóficas en psicología y un acercamiento a la ciencia y la biología, tanto que, en 1913, Watson declara que la psicología es una rama de la biología, y a esta nueva ciencia la llama “conductismo“. El paradigma central de este primer conductismo era el trabajo de Pavlov que recibía el nombre de “condicionamiento clásico“. Sin embargo, con el paso del tiempo se evidenció que no todo era lo que parecía en el condicionamiento clásico, lo más importante fue la demostración de Zener (1937) de que los estímulos condicionados no sustituían a los estímulos incondicionados, sino que servían más bien como informadores.

Entonces, en 1938, Skinner publicó uno de los libros más importantes para la psicología: “La conducta de los organismos: Un análisis experimental.” En este libro proponía algo simple, la conducta de todos los organismos está controlada por sus consecuencias. Además, realizaba un análisis de la conducta de tipo darwinista, pues proponía que todos los seres vivos emiten, espontáneamente, conductas, las que tienen resultados beneficiosos para el organismo permanecen, las que tienen resultados perniciosos se extinguen. Hoy sabemos que no todas las conductas están controladas por sus resultados, pues existen muchas conductas innatas, como el apego; sin embargo, muchas otras sí lo están, y se mantienen o extinguen según el refuerzo que reciban. Pensad un momento que mantenéis una conversación cara a cara con alguien a quien conocéis. Mientras habláis, quien no tiene el turno de palabra emite constantemente reforzadores que hacen que quien habla lo siga haciendo. Estos reforzadores son cosas como “ujum”; “sí”, “no”, asentimientos de cabeza, etc. Y esto se aprecia mucho más cuando alguien habla por teléfono, pues la otra persona necesita saber que está siendo escuchada. Sin estos reforzadores la conversación se extinguiría. Y hay muchas más conductas que se explican a través del “condicionamiento instrumental u operante“.

Por eso, el experimento del que os voy a hablar puede explicar el surgimiento de una conducta humana tan compleja como la superstición.

En un aparato como el que veis en la imagen, Skinner constató la conducta supersticiosa. En sus experimentos, palomas o ratas debían picar o accionar una palanca para recibir comida. En ocasiones, debían hacerlo muchas veces, en otras debían esperar cierto tiempo antes de que la comida (el refuerzo) estuviese de nuevo disponible. Sin embargo, a Skinner se le ocurrió una idea, qué pasaría si le diésemos comida a la paloma sin que ésta tuviese que hacer nada. Es decir, a intervalos cortos, caía una bola de comida en el comedero sin que la paloma hubiese picado en el interruptor. Más tarde observó qué hacían estas palomas cuando calculaban que llegaba su hora de comer, y el resultado fue increíble: una daba vueltas dentro de la Caja en sentido contrario a las agujas del reloj, otra echaba la cabeza hacia atrás por encima del hombro derecho, y las ocho palomas que utilizó hacían cosas igual de extrañas.

La explicación de Skinner fue que las palomas habían relacionado la conducta que emitían en el momento de recibir el reforzador con el reforzador, de tal forma que habían creado una relación causal falsa; es decir, creían que recibían comida por esas extrañas cosas que hacían.

Supongo que ya estáis recordando sucesos de vuestra vida que podrían explicarse de esta forma: tu boli de la suerte con el que siempre apruebas, tocar el marco de la puerta al salir, no pisar las líneas del suelo, no hablar de la muerte, no salir a la calle los martes 13, etc. Y es que, en ocasiones, establecemos relaciones entre sucesos que no están relacionados, creando así un vínculo falso, una creencia supersticiosa. Las creencias supersticiosas nos dan la sensación de control sobre cosas que, realmente, no controlamos. Desde hace ya un tiempo, han surgido una serie de productos comerciales que afirman tener efectos, cuanto menos, curiosos. Es el caso de la famosas pulseritas de energía, que te dan equilibrio. Lo curioso es que mucha gente afirma que es cierto, que desde que lleva tal artilugio duerme mejor, es más flexible, corre más rápido, está más tranquilo, o cualquier cosa por el estilo. Buscan controlar cosas que no controlan. Pero la realidad es que se ha formado un vínculo falso entre el hecho de, por ejemplo, dormir bien una noche, y el hecho de llevar alguna de estas pulseras. Hemos creado una conducta supersticiosa en nuestras vidas.

Esto puede crear un gran problema. En 1975, Martin Seligman propuso el concepto de “indefensión aprendida“. Seligman descubrió que, cuando una rata o un perro descubre que nada de lo que haga le librará de la descarga eléctrica, aprende a sentirse indefenso, se vuelve pasivo e incapaz de realizar cualquier cosa. En los seres humanos la indefensión aprendida puede dar lugar a la depresión.

Sin embargo, este gran experimento de Skinner no explica el porqué de que se establezcan dichas relaciones falsas entre sucesos, pero eso será tema para el tercer post de esta serie.

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6 pensamientos en “Porqué los ateos no creen en el infierno (II)

  1. Tener el control, quizá sea ese el problema que tenemos las personas, deseamos tener todo bajo control. Y si no sabemos explicar algo, ya sean cuestiones filosóficas o de cualquier otr índole, pues nos inventamos cualquier cosa para sentirnos seguros.

    Por ejemplo, hay muchos científicos que creen en dios. No puedo entender cómo una persona que va descubriendo cosas mediante la ciencia, que va destapando mitos, cuando llega a algo que no puede explicar, llega a conclusiones divinas. Todo por no saber resolver la cuestión y querer tener una cierta seguridad.

    Creo que símplemente no podemos tener el control de todo y que debemos aceptar que si no sabemos algo no hay que inventarse soluciones para quedarse contentos. Ya se irán descubriendo las soluciones con el paso del tiempo, o simplemente, que no tenemos capacidad mental suficiente como para entenderlo, nuestro cerebrin no es lo suficientemente inteligente, y me refiero a la especie humana.

  2. Anabat, completamente de acuerdo. Nos da miedo reconocer que hay cosas para las que no tenemos respuestas.

    Muchas gracias por pasarte.

  3. Una vez más, la prueba de que muchos de las costumbres y acciones humanas los podemos ver en los animales. Muy estimulante la lectura de este artículo José Pablo.

    Es curioso cómo relacionamos las respuestas con lo que estábamos haciendo en esos momentos, realmente puede explicar muchos miedos y costumbres que tenemos.

    Y por cierto, yo también estoy harto de que los científicos estén todo el día luchando contra la “timo-balance” y la gente no les haga ni caso 😦

    En fin, la psicología en todo su esplendor 😉

    PD: Perdón por no comentar estos días, ando algo ocupado y a veces no tengo tiempo de mirar y comentar todos los blogs que quiero, pero te sigo leyendo. En cuestión de unos cuantos días vuelvo a la normalidad de siempre.

  4. Gracias por su articulo señor Paquetolius¡Increible! Nada sabia sobre este experimento. Pense que las supersticiones eran solo producto de la mente “magica” de los seres humanos (“Las mil caras de la mente” de el español Fernando Garcia de Haro).

  5. Cendero gracias por venir, siempre es un placer verte por aquí, y no te preocupes si andas ocupado. Me alegro de que te haya gustado. No te pierdas los dos post que quedan.

    Yunni me alegro de verte por mi blog. Me apunto el libro que recomiendas!

  6. Pingback: Tú También Puedes » Porqué los ateos no creen en el infierno (III)

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